Cántabros en Sevilla

“…durante tres días Sevilla fue una ciudad fantasma.”

Por Laredo, Castro Urdiales, Santander,  San Vicente de la Barquera y otros pueblos cántabros anduvo Ramón de Bonifaz completando fondos reales para llevar a cabo la construcción de una flota militar en los astilleros de Santander. Al mismo tiempo el Almirante iba reclutando fieros marineros y raudos soldados de esta zona acostumbrada a lidiar día a día con las bravas aguas del mar Cántabrico. Una vez completada la logística la flota compuesta por trece naves y cinco galeras puso rumbo al sur bordeando las costas gallegas y portuguesas. Cuando divisaron las tierras de Al-Garb (Algarve)  giraron de nuevo hacia el este en dirección al estuario de Shaluqa (Sanlúcar) y a la desembocadura del Wadia al-kabir (Guadalquivir). En pleno agosto, defendiendose de los ataques que iban sufriendo a su paso, navegaron río arriba hasta llegar a las mismas puertas de Isbiliya (Sevilla). Durante meses la ciudad había estado defiendose con admirable valor de los ataques cristianos que le llegaban por todos los frentes que su plano circular permitía,  pero para lo que no estaba preparada era para soportar un ataque fluvial. De este modo, aprovechando la subida de la marea y el viento a favor, dos de las naves más poderosas embestían contra el puente de barcas atadas con cadenas que unía Isbiliya con el arrabal de Atrayahana (Triana). Desde el sur Ramón de Bonifaz comandaba la flota que daba el toque de gracia a una maniobra que condenaba a la ciudad a más de seis meses de asedio y aislamiento.

El invierno había llegado a Isbiliya.

La última llamada del almuhédano sonaba a despedida. Los pocos habitantes que quedaban en la ciudad acudían a la oración sabiendo que con la salida del sol finalizaba el plazo concedido para abandonar la medina.

¡Caid! ¡Caid! ¿qué le ocurre? ¿se encuentra bien? – vociferaba un asustado Ibn Malin, ayudante del caid Axataf, al verlo inmóvil sentado en el alféizar y con la mirada perdida.

Tras unos segundos sumido entre el sueño y la vigilia,  Axataf volvió en sí. Parecía haber envejecido diez años en los últimos meses y aunque no podía ocultar la tristeza en sus palabras intentaba mostrarse firme a sí mismo repetiendo el axioma “Todo está en manos de Alá. Si esta es su voluntad final hagamos pues según su designio”. Aún se recordaba de estudiante, entrando y saliendo cumpliendo sus encargos por el palacio de Al-Buahira (La Buahira, La Laguna) a extramuros de la ciudad sin nada que temer. ¡Cuánto habían cambiado las cosas!

¡Bislamá, Isbiliya! (Adiós, Sevilla) lloraban todos los que durante tres días iniciaban el camino de expulsión de una ciudad que durante quinientos treinta y seis años había orado mirando a La Meca.

Por el norte no había posibilidad de auxilio desde que Qurtuba (Córdoba) cayera doce años antes; por el este la toma cristiana de Al-qala (Alcalá de Guadaira) pocos meses antes la privaba de comunicaciones; por el oeste las tropas castellanas acampadas en las tierras de  Al-Jaraf (Aljarafe, terreno elevado) con su rey Fernando III a la cabeza cortaban las escasas ayudas que pudieran llegar desde Lebla (Niebla); y por el río al sur los cántabros habían roto el puente y su flota ocupaba todo el cauce.

Falta de víveres y exenta de una última esperanza el caid Axataf capitulaba ante el rey castellano Fernando III en la festividad de San Clemente el 23 de diciembre de 1248. Durante tres días Sevilla fue una ciudad fantasma. Tres eran los días que tenían los musulmanes para abandonar su ciudad con sus bienes. Habían pasado meses de negociaciones mientras la ciudad agonizaba ante un destino trágico e inevitable. El reino nazarí de Granada y Ceuta fueron los destinos mayoritarios de la población sevillana. Por su parte, enamorado de la ciudad que no abandonaría jamás Fernando III “El Santo” nombraba a Sevilla capital y corte de los reyes castellanos. Tanto el rey Fernando como su hijo Alfonso X el Sabio yacen en la capilla real de la Catedral de Sevilla.

Fueron muchos los que participaron en la ¿reconquista o conquista? de Sevilla: tropas castellanas, órdenes militares (Santiago, Alcántara, Calatrava, Templarios, San Juan), tropas mercenarias musulmanas, tropas enviadas por Jaime I, etc. Pero sin lugar a dudas la mayor contribución a este acontecimiento la llevaron a cabo los marineros cántabros que, comandados por el burgalés Ramón de Bonifaz, manejaron las embarcaciones desde el puerto de Santander hasta las puertas de Sevilla mientras se defendían de los ataques sarracenos durante todo el curso del río. Por esta razón podemos ver a día de hoy la Torre del Oro en el escudo de la ciudad de Santander y una representación del acontecimiento sevillano (los barcos rompiendo las cadenas del puente)  en el escudo de Cantabria.

Escudo de Santander

Escudo de la comunidad de Cantabria

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5 pensamientos en “Cántabros en Sevilla

  1. Paca experience dice:

    Gran post, es un gusto recibir estas lecciones de historia, sí señor.

  2. Paca el gusto es mío, ¡Muchas gracias por leerlo y por el comentario!

  3. Antonino Bueno González (Antonino, no Antonio) dice:

    Me ha encantado el artículo. Soy montañés de nacimiento y residí muchos años en Sevilla. Me gustaría conocer más información sobre este tema, si pudiera recomendarme alguna fuente para documentarme sobre ello se lo agradecería.
    saludos

    Antonino Bueno

    • Hola Antonino. Muchísimas gracias por tu comentario, me alegro mucho que te haya gustado. Un honor para un sevillano viniendo de un montañés.
      Humildemente te recomendaría la obra sobre Fernando III de Manuel Gonzalez Jimenez. Tuve la suerte de tenerlo de profesor de la Universidad de Sevilla y fue un absoluto privilegio.
      Un saludo!

      • Antonino Bueno González (Antonino, no Antonio) dice:

        Acabo de leer su comentario, con bastante retraso por cierto, le ruego me disculpe.Este mes de mayo es probable que viajemos a Sevilla y trataré de localizar algunos de los libros de D Manuel González Jimenez. Me interesan los dos que acabo de ver sobre la repoblación de Sevilla en el siglo XIII. Muy agradecido por su comentario.
        Saludos

        Antonino Bueno

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