Una trilogía cristiana

Con treinta y ocho años era ya todo un veterano de guerra en el mundillo de la música y en la vida. A Bob Dylan ya le había dado tiempo a ser gran estrella del folk, ídolo de la burguesía intelectualoide universitaria a ambos lados del Atlántico, el nuevo Kerouac de la generación beat, un Judas traidor por hacer rock and roll eléctrico, uno de los tres pilares musicales de los años sesenta junto a los Beatles y a los Stones, un desertor de su propia obra, un cantante country, un ranchero que solo quería vivir con su esposa y cuidar a sus hijos , un mal judío por mostrarse huidizo ante las costumbres, un marido infiel y un mal padre, un drogadicto, un escritor de una novela de mierda y director una película calumniada, un tio de treinta y cinco años que había perdido la custodia de sus cuatro hijos con un divorcio millonario a sus espaldas, un artista que había abierto su corazón en un gran disco de resurrección, un loco que había reunido a unos amigos organizando una gira interminable con teatro y música con la que apenas cubrían gastos, un compositor de nuevo en caída libre,  un místico religioso que componía canciones a Isis y estudiaba el I Ching, una antigua gloria que se había recuperado grabando un concierto en  una sala de artes marciales en Japón y un juglar antipático y solitario que hacía del “carretera y manta” la única razón para seguir viviendo. Y solo con treinta y ocho años.

En este momento de su vida, con la cabeza a punto de estallar o volverse más cuerdo que nunca, Bob Dylan se convierte al cristianismo y graba tres discos envueltos en una temática exclusivamente cristiana: Slow train Coming (1979), Saved (1980) y Shots of love (1981).  Los fieles de Dylan, de tendencias múltiples pero mayoritariamente de izquierda,  son incapaces de comprender este nuevo  rumbo personal y artístico pero por el “cinturón de la Biblia” (zona que comprende la mayoría de los estados del sureste de Estados Unidos) se vieron encantados con el cambio. Ahora, con la distancia que el tiempo nos da y sabiendo lo difícil que ha debido resultar ser Bob Dylan, un hombre solo ante la vorágine mundial durante tantos años, tal vez podamos entender o al menos tolerar todas las idas y venidas, las vueltas y huidas de este huraño personaje.

“Los fans son más peligrosos que un hombre con un arma,  porque andan persiguiendo algo invisible. Algún “algo” imaginario. Por lo menos con una pistola sabes a lo que te enfrentas.”

Desprendiéndonos de prejuicios morales, sabores de cantos dogmáticos y quedándonos únicamente con su obra, escuchemos a todo volumen a un hombre desgarrado en busca de sí mismo a través de Dios en “Pressing on” de su disco “Saved” repleto de gospel por los cuatro costados y que independientemente de la crítica a mí me encanta.

Anuncios

5 pensamientos en “Una trilogía cristiana

  1. Anónimo dice:

    solo un dylaniano como tu erra puede describir a singular genio y fenomeno,
    desde tu particular vision … su vida y su obra inigualables.. para mi escuchar
    y saber algo mas de dylan siempre me resulta conmovedor..

  2. La frase de los fans es del libro de Sam Shepard sobre la Rolling Thunder Revue. Acojonante el cabrón.
    Naturalmente más tarde renunció a su cristianismo exacerbado para años después tocar ante el Papa por una bonita suma….

    Lo último http://www.dailymotion.com/video/xnnw9l_bob-dylan-blind-willie-mctell-january-12-2012-in-honor-of-martin-scorsese_shortfilms

  3. Anónimo dice:

    jojo que alucinante actuacion ,no la habia visto..

  4. Paco dice:

    Si me declaras persona non grata lo entenderé, pero a fuerza de parecer un iconoclasta, me permito afirmar que si, tras la publicación de Desire en el 75, este buen hombre hubiese decidido hacerse eremita en el Sinaí o lama en el Tibet, yo peregrinaría para besar sus sandalias. Su ingente (y errática) producción posterior a dicha fecha (vale, también alguna anterior), le hacen rodar por las laderas del Olimpo.

    Joder, de acuerdo, también soy de los que piensan que los Stones serían divinos si hubiesen tomado el mismo camino propuesto para Dylan, una vez publicado Sticky fingers y que Robert Fripp se podía meter los soundscapes donde le cupieran… si, doy asco.

    ¡Cristo!, acabo de seguir el enlace de “lo último”. Vaya mierda. Y ahora échame del Blog.

    Saludos.

    • jajaja, no hombre, para gustos los colores, eso está claro. Su etapa clásica como la de tantos termina a mediados de los setenta, eso está claro, pero yo creo que no se le ha hecho justicia a discos posteriores como los cristianos que nombro en el post, Oh mercy, world gone wrong, y por supuesto los correspondientes a su tercera edad desde “time out of mind” hasta hoy.
      Son cincuenta años de carrera 1962-2012. No te puede gustar todo!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: