El filósofo, el guerrero y la Rosa de la Paz

Una bandeja de plata con dátiles y pistachos acompañaba a una jarra de agua de rosas con nieve extraída del pozo para amedrentar las terribles temperaturas de aquella tarde. El sabio había sido llamado por el guerrero:

¿Cómo se llama el libro que has escrito, yahud?

Guía de Perplejos, sayidi.

Debe ser una obra noble, como noble es tu servicio. ¿Recuerdas cuando casi te obligan a apostatar? Nunca ví una convicción igual en una persona equivocada.

Gracias, sayidi. Solo pretendo aportar mi granito de arena a la vida de mi comunidad, tan dispersa en la tierra como en el pensamiento.

En la tierra la única forma de unir es la fuerza de la espada y los mandatos de Allah. Yo reconquisté esta ciudad desde la que El Profeta subió a los cielos dejando partir a sus habitantes de forma libre y mira como me han respondido los perros cristianos; mandando nuevos soldados a matar por estas tierras que no son suyas.

El guerrero pensaba que esas tierras pertenecían a los hijos de Ismail, el filósofo pensaba que Adonai había dado Erets Israel a su pueblo, y los “perros cristianos” tambien creían que las tierras en las que había nacido, vivido, muerto y resucitado el hijo de Dios debían ser cristianas.

Hacía tres años que había caído Al Quds para uno, Yerushalayim para el otro; Jerusalén para el resto: La Rosa o Casa de la Paz.

El esclavo cristiano, favorito e intérprete del guerrero, entró en la jaima y su señor dio orden de rezar.

– Rezad conmigo.

Los tres rezaron el Padre Nuestro, única oración común a las tres religiones del libro. Uno lo hizo a Alláh, otro a Adonai y otro a Dios.

Desde la aljama judía de Córdoba hasta El Cairo y Fostat pasando por Almería, Palestina y Alejandría, Moisés Ben Maimón “Maimónides” (1135 – 1204) sería el médico y filósofo más importante de la tradición judía e influiría notablemente en el mundo musulmán y en la Escolástica cristiana posterior. Médico personal del sultán moría en El Cairo echando de menos su Sefarad natal.

Desde la ciudad de Tikrit en el actual Irak hasta más allá de la península del Sinaí, Fostat, El Cairo y morir en Damasco Salah ad Din Yusuf ibn Ayub “Saladino” (1138 – 1193) se convertiría en el unificador del Islam y en gran sultán de Egipto y Siria reconquistando Jerusalén a los cristianos. En las fuentes cristianas es recordado como gran guerrero, caballeroso y respetuoso con todas las costumbres.

Monumento a Maimónides. Córdoba.

Monumento a Saladino. Damasco.

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