Hermosa Artística Melancolía

“Me libré de los tontos, por cierto, del cuento del “bisnes” dando clase en una Academia de Cantos de Cisne.”   Joaquín Sabina, “La canción más hermosa del mundo”.

El chaval no quería estudiar y el padre le soltó el sermón….

“Los llamados moriscos eran hijos o nietos de gente musulmana que en su día se bautizó, es decir, que apostató del Islam y se hizo cristiana. Les llamaron también con el agradable apelativo de “cristiano nuevo de moro”. Así los diferenciaban de los judíos, a los que dicho sea de paso también expulsamos. Los moriscos, en su mayor parte, se dedicaban a trabajar en el campo, así que cuando los obligamos a irse el campo se quedó sin jornaleros. ¿Y sabes lo que hicieron nuestros gobernantes? Pues cerrar los colegios de los pueblos para que muchos niños como tú se fueran a trabajar al campo. Una población productívamente analfabeta. Toda una hazaña.”

Alberto Durero. MELANCOLÍA I.

Alberto Durero. MELANCOLÍA I.

Sintió el vilipendio en la piel y en las venas. Él era un angel con alas pero no podía volar. Pudo en su día pero ya había perdido el poder. Ahora tenía que verse obligado a habitar en lo terrenal. Así vivía y así viviría, pero guardaba un secreto. A pesar de todo él llevaba en el corazón una llave maestra que le permitía mirar a los cielos y entrometerse en lo que de verdad ocupaba sus pensamientos  y estos eran  su vida entera.  Era esta una ardiente desazón, una mezcla entre castigo y bendición que aunque a ratos lo vencía en otros momentos suponía la única razón por la que querer seguir en el mundo.

Era como el grabado de Durero, esa obra llena de misterio y magia en la que alguien que pudo nunca fue, en la que un ser celestial muere de desidia porque el mundo le supo a poco.

La tierra es limitada en la medida en que nuestra mente se autolimita. Aquellos niños moriscos no pudieron ir a los colegios. No los dejaron, así que su mundo era el que veían. Nunca conocieron el privilegio del ensimismamiento, que puede agrandar el mundo siempre que sirva a la razón. Fue Nietzsche quien dijo que el Arte era la auténtica actividad humana. Más tarde Kandinsky completó la frase al afirmar que si una obra tiene belleza, ya sea esta exterior o interior, se convierte en medio y fin a la vez para que el ser humano crezca y vea obsoletas sus limitaciones. El Arte va más allá del tiempo y lleva parte del futuro.

– No me marees…¡Yo quiero comerme la vida!

– Pues hazlo. Y no preguntes. Ya habrá tiempo para dar explicaciones entonces.

– Yo no quiero ser el angel de Durero…

– Tú no podrías ni aunque quisieras. Quizás con suerte logres acercarte, como yo, al perro que descansa a sus pies…pero al angel no. Solo por creerlo ya diste muestras de no poder serlo.

– Pues entonces no hay más que hablar. ¿Qué es lo que te faltó a tí entonces?

-¿A mí? Pues que por más que quise….“nunca pude cantar de un tirón la canción de las babas del mar; del relámpago en vena; de las lágrimas para llorar cuando valga la pena. No sabía que la primavera duraba un segundo…y yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.”

Pasados los años el chaval leyó “la espiritualidad en el arte” de Kandinsky, pero nunca llegó ni tan siquiera a imaginar a qué se refería su padre. Se quedó a medio camino entre el arte y el vivir. No sufría el latigazo en las entrañas del viejo en el mar de Hemingway. Afortunado él…o pobre de él…yo tampoco sabría muy bien qué decir.

La canción…

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