60 años no es nada

Una conjunción no programada en el tiempo hizo que aquel nublado día comenzara a sonar Ricky Lee Jones tocando una versión del clasicazo de Donovan “Catch the wind” mientras leía cómo, tras la segunda guerra mundial en la que Alemania había quedado arrasada después de haber destruido el viejo continente, las potencias occidentales habían decidido ayudarla en su reconstrucción mediante la inyección de capital y pocos años después, en 1953, apenas ocho años transcurridos desde el fin de la guerra, le perdonaban más del 60% de la deuda que tenían los germanos con los muchos países acreedores. Después haber ocasionado dos guerras mundiales y haber sembrado el terror por occidente, todos los países con los que Alemania tenía deuda fuera por indemnizaciones de guerra o por inversión, llegaron a este acuerdo en Londres. Esta acción, esta condonación de la deuda permitiría entre otras cosas que Alemania se erigiera en gran potencia económico-industrial de Europa en la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días.

La canción seguía su curso y llegaba al verso “pero puedo también intentar atrapar el viento”.

Siempre he pensado que la Historia se enseña y se explica mal porque se hace ver y entender al neófito como algo extraño, lejano, que ocurre en otra dimensión espacial además de obviamente temporal. Sus personajes nos resultan arcanos, las acciones obviedades y los muertos como daños lógicos y colaterales. Nunca se nos enseña que el personaje principal de los fusilamientos de Goya podría ser nuestro panadero de la esquina, que la libertad guiando al pueblo de Delacroix sería en realidad nuestra abuela pasionaria que trabajaba en una fábrica envasando o que los revolucionarios bolcheviques podríamos ser nosotros con menos cultura y más arrestos.

Al fin y al cabo lo que se acordó en Londres en 1953 respecto a Alemania era ayudar a un país para que pudiera crear empleo, reconstruir infraestructuras destruidas, incentivar la iniciativa privada, aprobar un nuevo plan educativo para la presente y futura generación de alemanes, reformas en materia de sanidad, del propio sistema político y como no podríamos olvidar occidentalizar Alemania para evitar que cayera en los brazos del comunismo. ¿Esto es Historia o es presente?

Y seguía la canción “cuando la lluvia ha colgado las hojas con lágrimas”.

Había cierta ironía en todo esto. Alemanía había acabado de pagar lo que le quedó de deuda por el dinero prestado tras la primera y la segunda guerra mundial en el año 2010.  Eso sí, la deuda histórica que tiene con Grecia por ejemplo, jamás ha sido pagada a pesar de la insistencia y numerosas peticiones de los griegos, que por cierto están al borde del colapso…o de hecho ya colpasados de lleno.  Así que tal y como todo esto ocurría y ocurre parece que el concepto temporal habría que revisarlo y medir el tiempo en euros en lugar de en años. “Hace ocho mil millones de euros que eras tercer mundo, Alemania. Y se perdonó todo para que pudieras resurgir”.  Los viejos esquemas de  la evolución, del pensamiento y la involución quedaron obsoletos. El tiempo se mide en euros.

Luego, sin venir a cuento comenzó a sonar “Noviembre” de La Bien Querida  y “Como el daño auyenta primaveras, cuando rompemos truenos por los campos”. Así que en un clarísimo ejemplo de divagación e ira miré por la ventana, ví un coche color púrpura aparcado y me acordé del castigo por permitir traición, inmoralidad y miseria. De hecho, uno de los castigos más famosos y que más dio que hablar a lo largo de toda historia militar romana fue la aplicación de la “decimatio”.Los ejércitos romanos se organizaban en legiones; cada legión tenía normalmente seis cohortes y cada cohorte tenía seiscientos hombres. La decimatio consistía en dividir estos contingentes en grupos de diez y echar a suerte quién debía ser castigado. De este modo, uno de cada diez sería lapidado o golpeado hasta la muerte por los otros nueve compañeros. Puestos a involucionar y dejar prosperar al animal habría que buscar el equivalente histórico a este castigo como el fusilado goyesco y el panadero, el bochevique y mi amigo Evaristo, la Libertad y la abuela de Evaristo, y no dejar que esa hipocresía de muerte social que es la cárcel durara dieciocho horas porque tienes dos millones y medio de euros robados para pagar la fianza en un país en el que a una mujer hondureña se le deniega operarle el cráneo porque no tiene papeles. Sesenta años no es nada.

James Ensor: La entrada de Cristo en Bruselas.

James Ensor: La entrada de Cristo en Bruselas.

Precursor del expresionismo y del surrealismo el pintor belga nos hace dudar en esta obra si la gente acompaña a Cristo en su entrada en Bruselas o este simplemente se pierde envuelto en la muchedumbre de un inmenso carnaval de máscaras inmersas en la gran farsa de “lo social”.

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2 pensamientos en “60 años no es nada

  1. Buen repaso al momento actual. Frau Merkel debería aflojar la mano. Haría bien en recordar lo que expones en tu artículo, pero francamente yo veo la situación con más ramificaciones, más compleja. A Alemania le condonaron una gran parte de su deuda y se convirtió en una primera potencia económica. ¿Ocurriría lo mismo o, si no tanto, algo parecido, si se actuara de igual manera con los países en crisis? Cordialmente.

    • Hombre por supuesto, hay demasiados grupos de poder implicados e intereses múltiples en juego en toda esta historia.
      No creo no obstante que sea extrapolable el caso alemán con los países actualmente en situación critica. Aquí cuando ha habido dinero se ha utilizado para otras cosas…hace falta mucho más. Como tú bien dices es mucho más complejo. Un saludo.

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