Las lágrimas de Damasco (Hiperbórea Meridional)

“No hay en este mundo un medio de purificación semejante al conocimiento” – Bhagavad Gita. 4º discurso. Estrofas 38-39.

William había decidido montar a horcajadas sobre aquel banco azul anexo a la secretaría de su facultad mientras daba las últimas pinceladas a su tesis antidarwiniana sobre los orígenes de la degradación humana. En contra de los postulados del naturalista inglés, William sostenía que el origen del hombre estaba en el Polo Norte. La evolución no se habría producido de los seres inferiores hacia el hombre, sino de los habitantes del Polo, más bellos, más inteligentes y más longevos, hacia los seres inferiores que somos todos los humanos actuales. Más que de evolución por tanto habría que hablar de involución. Esto habría tenido lugar tras el diluvio y después de las glaciaciones, período durante el cual los hombres habrían emigrado a la estepa del Asia central. William Fairfeld Warren fue el primer rector de la universidad de Boston y defendió estas ideas en su obra “Paraíso Encontrado”, 1885.

“Hiperbóreos somos” – Nietzsche.

Bóreas era el viento del norte y existía un pueblo más allá de él al que los griegos llamaban “los hiperbóreos”. Eran un pueblo mítico y perfecto sobre el que el sol brillaba seis meses al año. Fundamentalmente nace del imaginario griego y su propia abnegación a que no haya un objetivo o modelo superior al que aspirar, un lugar sagrado que constituyera  una ruptura con la homogeneidad.  Ese espacio eterno en el que “ahora” y “nunca” son sinónimos podría ser físico, espitirual o imaginario, pero debe SER siempre. Esto para William sería la clave de la involución: antes Hiperbórea fue, ahora hay que crearla.

El problema radica en la creación o consistencia de cada Hiperbórea individual. En la mayoría de personas de nuestro tiempo el espejismo del pasado suele jugar malas pasadas. Se confunde costumbrismo y acomodo con perfección y no se valora sufientemente el valor de la ruptura con una dinámica previa. Podríase dar una nueva vuelta de tuerca con el concepto de perfección que tiene cada persona, si bien para mí al menos el solo pensar en su existencia delata a ciencia cierta que la persona en cuestión tendría poco de hiperbóreo.

“La Yihad más importante es la que se combate contra uno mismo” – Mahoma.

La ruptura es la abertura, merced a la cual se posibilita el tránsito de una región cósmica a otra. En todas las vidas y culturas el hombre no se considera realmente hombre sino en la medida en que imita a los dioses, a los héroes. Este hombre ha de hacerse a sí mismo. La trazabilidad que va dibujando su tránsito vital iría en ascenso aunque su experiencia profana fuera inversamente proporcional a su platónico crecimiento.

El dios sirio Hadad vió como Damasco se mostraba inerte al ver que los los romanos construían sobre los cimientos de su templo uno nuevo en honor a Júpiter.  Pasaron los años y los siglos y Júpiter cedió a los bizantinos cristianos su templo para que se erigiera otro dedicado a Juan el Bautista. Y mientras conservaba la cabeza de este último los Omeyas pensaron que la sacra sacralidad habría que perpetuar, de modo que sobre ese templo se erigió la gran mezquita omeya, una de las más grandes y antíguas del mundo. Alá quiso conservar la cabeza del Bautista ya que tanto para el cristianismo como para el islam Juan era uno de los profetas. Pero la dama damascena siguió llorando durante siglos en espera aún hoy día de que fuera Irene, la diosa de la paz, la que despertara y despierte del sueño y haga ver a todos el paraíso que siempre fue, la ciudad del jazmín mojada por Barada.

Las lágrimas de Damasco son las que todos hemos llorado en los vértices de nuestro tiempo, en las esquinas que rompen las rectas de la vida ilusoria.

 

Damasco

La gran mezquita omeya. Damasco

 

 

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Un pensamiento en “Las lágrimas de Damasco (Hiperbórea Meridional)

  1. […] Hay dos guerras cursándose en el mismo país. La de una población oprimida y frustrada por el paro y la carestía y la guerra colonial de interés geopolítico internacional. La población es tan diversa étnica y confesionalmente que los frentes se encuentran tan fragmentados como muertos los sueños de sus hijos. (ver entrada en mi blog https://nibaterianicobertura.wordpress.com/2014/05/13/las-lagrimas-de-damasco-hiperborea-meridional/) […]

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