Pasión Pagana

A menudo me han preguntado cómo es posible tener tal querencia por tradiciones culturales tan propiamente eclesiásticas y sin embargo no compartir ni comulgar ninguna de ellas. Recién pasada la Semana Santa y comenzada la Pascua, escribo la única explicación que yo mismo puedo aceptarme:

Recuerdo que atardecía y Jerusalén tintaba lo últimos rayos de sol. No fue en la puerta de Sión, tampoco en la de las flores; fue bajo el umbral de la puerta Dorada donde comenzamos el verdadero camino. Reza la tradición: “Los justos entrarán en Jerusalén por esta puerta el día del Juicio Final” y nosotros anduvimos hasta llegar a la puerta de Betania, aquella que nos marca el camino a Getsemaní. Y desde allí bordeamos de nuevo la ciudad hacia el extremo opuesto para subir el monte Gólgota para poder repensarlo todo, volver a Hispania y poder disfrutar de nuestra semana de pasión con ojos y corazón paganos.

Crónica del Domingo de Ramos:

La alegría irradia por cada rincón del día más soleado de la semana santa. Las palmas en los balcones, las sonrisas de los niños y un desfile lleno de color rememoran la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Yeshua ben Yosef (Jesús hijo de José), un predicador más de los que llenaban las tierras de Israel aquel siglo I había centrado la difusión de su verbo en una voluntariosa reforma del judaísmo fundamentalmente por las áreas rurales de Galilea. Tal fue el auge de seguidores que días antes de la gran fiesta de la pascua judía dió el salto a Judea y más concretamente a la capital para poder predicar en el mismo templo de Salomón. Se conmemora una entrada triunfal que posiblemente no fue tanta, ya que en Jerusalén no tenía demasiados seguidores.

No es posible explicar a Jesús sin conocer su contexto: Décadas antes del advenimiento de Jesús, el reino de Israel ya es una mera provincia del Imperio Romano. A los césares les conviene tener una provincia a modo de “Estado tapón” que le asegure sus fronteras de los peligros de los árabes nabateos con su capital en Petra y del siempre agresivo Imperio Parto. Esta situación de hace más de dos mil años parece no haber cambiado demasiado…

A la muerte del último gran rey de Israel, Herodes el Grande, el reino queda dividido en tetrarquías. Entre otras, Galilea es gobernada por Antipas, hijo de Herodes el Grande,  mientras Judea será gobernada directamente por un legado romano. En el momento de la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un asno, Poncio Pilato es el gobernador de Judea.

Es difícil explicar lo que que siente en la calle un domingo de ramos si no se ha vivido desde la infancia semejante fiesta y participado en ella. Es júbilo, puro gozo extático. Las personas beben, visten como si fuera el día del juicio, ríen y se abrazan, las trabajaderas parecen no hacer mella en los costaleros porque a su ritmo el desfile de nazarenos ilumina las calles y la borriquita avanza hacia la conquista el reino de Dios. Es una día festivo y como dice la canción “todo es de color”.

Crónica de los atardeceres:

Los hebreos eran vistos por los romanos como un pueblo de orates, mojigatos, de mentes obtusas y ridículamente engreídos, ya que se consideraban por encima de los demás pueblos. Eran el pueblo elegido, el pueblo de Dios. Para un romano panteísta, heredero de Epicuro estas eran características de muy difícil comprensión, pero aún así las toleraban. Los judíos por su parte asumían el pago del tributo a Roma si bien el flujo y el caudal de oradores mitad santurrones que predicaban el fin de los tiempos al tiempo que invitaban a una rebelión colectiva contra el extranjero opresor romano comenzaba a cansar al legado imperial.

Los campos y resto de zonas rurales de Galilea estaban compuestos por masas de población muy retrasadas si los comparamos con las áreas urbanas y más si cabe con la capital de Judea. Es precisamente en esas zonas donde Jesús logra más adeptos a su prédica. Aunque de clara formación y vocación judía, la obra que siglos antes ha llevado a cabo el macedonio Alejandro Magno, ha permitido impregnar de ideas y filosofía griega desde el Nilo hasta el Ganges. De hecho tanto Herodes el Grande como su hijo Herodes Antipas, pese a ser judíos, son educados como griegos y piensan como tales. Conforme Jesús va teniendo más adeptos va teniendo también más enemigos: los saduceos, clase alta judía que ven peligrar sus beneficios con el negocio de templo, y los fariseos que no quieren ni baños de sangre como los que ya ha habido varios por parte de los romanos que quieren una provincia en paz.

Jesús entiende que se ha prostituido el Templo de Salomón y en un ataque de furia ataca a los mercaderes del templo, cambistas, herreros, etc. “Todos vivimos del templo. Esto no se puede consentir” diría Caifás, sumo sacerdote del sanedrín. Esta renovación del judaísmo rabínico que pretendía Jesús choca frontalmente con las creencias judaicas más clásicas y lo hacen tanto dogmáticamente como política y económicamente. (Antipas no quiere ningún altercado en su provincia ya que anhela que algún día el César le otorgue el trono de su padre).

Las procesiones de la tarde del domingo de ramos ya vienen acompañadas de un halo de tristeza, de incertidumbre, de incienso y de cirios morados a medio encender que ya no ilumina. Normalmente la escultura de Jesús se nos presenta arrodillada, consciente de que algo terrible va a suceder. Las esquinas se confunden con rincones de hermandad. Qué lejos queda aquel sermón de la montaña cerca de Cafarnaún en el que las Bienaventuranzas que proclamara el galileo lo acercaran tanto a las cuatro verdades nobles del Budha Sakyamuni.

Y al anocher, mientras los seguidores del galileo dormitan bajo los olivos Judas de Kariot, desencantado con las ideas del maestro se deja seducir por las monedas del Sanedrín para ayudar a capturar a Jesús, que preso y cautivo es dirigido a confesar su impostura. Su “al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios” será interpretado como una incitación a la rebelión contra Roma.

En casi todos los lugares la conmemoración del apresamiento de Jesús supone la procesión de la escultura del galileo en soledad con las manos atadas a la espalda. Realmente suele ser un desfile de tintes fúnebres, dramático. El silencio, el olor de las calles, la seridad y la penumbra inundan toda la puesta en escena de una teatralidad impresionante.

El maestro, erudito, escritor y poeta Robert Graves defiende que Judas era el más fiel seguidor y colaborador de Jesús y que se limita a cumplir las órdenes de su maestro entregándolo a las autoridades. En ningún caso es un traidor ya que Jesús pretende morir en la cruz purificado. Esto enlaza con la extinción de toda impureza que tenía la muerte por crucifixión en los pueblos presemitas. Es realmente un tema que pertenece más a la antropología que puramente a la historia científica.

Tres son los personajes fundamentales que son encargados de juzgar y condenar a Jesús de Nazaret:

– Caifás, sumo sacerdote que condena implícitamente al nazareno por subversión religiosa.

– Antipas, que ante la autoproclamación de Jesús como “rey de los judíos” ve peligrar su antiguo deseo de ser rey de Israel y tacha al galileo de loco, chiflado e insignificante.

– Poncio Pilatos, que como gobernador romano de Judea es el único que tiene potestad para condenar a muerte al galileo y que acaba haciéndolo ante la insistencia tanto del Sanedrín como de la corte de Antipas.

Para los tres es un asunto mundano, rutinatario y nada especial. Un loco judío más de los que abundan por esos tiempos.

Caifás es apartado de su cargo poco después de la crucifixión de Jesús y muere de una terrible enfermedad; Antipas no solo no sería jamás rey de Israel sino que el emperador Calígula lo desterrará a Viena donde morirá asesinado; Pilatos por su parte vería como desde Roma se pone fin a su carrera política y terminará suicidándose en Helvetia, actual Suiza.

Crónica de las Esperanzas

Llegados a este punto veo que no consigo ni de lejos mi objetivo, que es hacerme explicar a mí mismo como es posible querer, respetar y admirar una manifestación religiosa cuya esencia no comparto. Si lo pienso en profundidad, es tal el arraigo que en mí tiene esta fiesta, celebración y conmemoración, es tal la belleza estética que sobre mi pueblo y mi ciudad derrama; es tan espectacular la puesta en escena y la representación que unos ojos paganos como los míos no pueden más que admirar y respetar. Obviamente todo asentado en el poso cultural de la infancia y afortunadamente del paganismo que lleva dentro de sí la tradición católica; tal vez sea esto lo mejor que tiene respecto a la protestante.

Las esculturas idealizadas de Jesús darían para otro estudio, como el de Jacques Le Goff sobre cómo hemos hecho evolucionar la imagen de Jesús a lo largo de estos dos mil años. Desde el Jesús amigo, al Jesús ya mesías, al Jesús juez y vigilante, al Jesús omnipotente, al Jesús misericordioso, al Jesús que muere por la humanidad, etc.

Mis ojos paganos no comparten la idea de que Jesús sea hijo de Dios. Para mí es un proceso posterior en la línea del contexto romano, es decir, a los césares también se les deificaba y eran hijos de Júpiter. La figura de Jesús debió “sufrir” una evolución similar con posterioridad a su muerte. Del mismo modo son sus seguidores los que lo nombran Mesías en alusión a las profecías de Elías y Zacarías. No tenemos evidencias que indiquen la autoproclamación de Jesús como Mesías liberador del pueblo elegido contra la opresión romana. Por tanto Jesús muere mucho antes de ser convertido en “el Cristo” (el ungido) y toda la profesión de dogma y fe es producto de siglos y siglos de cristología.

Para mí Jesús es un reformador del judaísmo. Es un predicador más de los que llenan el extremo oriental del Imperio Romano que muere condenado. La religión cristiana nace después de su muerte y probablemente a pesar de él.

Si analizamos fríamente los contextos históricos, las sociedades y los vestigios lo que predica Mahoma seis siglos después en Arabia es prácticamente lo mismo que lo predicado por Jesús. ¿Qué fue antes, la religión o la cultura? La religión es un producto cultural pero bien es cierto que en gran medida toda la cultura occidental está asentada sobre pilares religiosos.

Entre el jueves y el viernes santo María, la madre de Jesús rivaliza con su hijo en devoción y sufrimiento. Tanto es así que como dicen muchos eruditos más le valdría a esta religión llamarse “religión mariana” en lugar de “religión cristiana” dado el número de templos dedicados a la madre y al hijo respectivamente.

María pasa prácticamente de soslayo en los Evangelios y es ya a mediados del siglo III d.C. cuando para rivalizar con las deidades orientales como Astarté y Aditi se convierte a María en diosa madre y virgen. Respecto a su virginidad vuelvo de nuevo al maestro Robert Graves que abre la hipótesis de que María la Tejedora perteneciera al templo de las vírgenes de Herodes el Grande y se enamorara de Antípatro, hijo predilecto del monarca. Esta sería la razón por la que Jesús pertenecería a la casa de David.

La noche de las Esperanzas es embriagadora por la entrega, la devoción, la lúgubre y tétrica envoltura que acoje a la madre horas antes de recibir el cuerpo de su hijo en sus brazos en la que popularmente se conoce como la quinta angustia de María. Realmente se confunde en la mayoría de representaciones la quinta con la sexta angustia. La quinta angustia de María es la madre al pie del madero llorando por su hijo y la sexta es el descendimiento del cuerpo de Jesús a los brazos de María, imagen que conocemos como Piedad.

Crónica del Dominus Dei

El dominus dei, domingo, día del señor, se conmemora la resurreción de la carne, el día justo después del sabat judío en el que Jesús resucita para posteriormente ascender a los cielos a la derecha del padre. Normalmente es un día de cierre de ceremonia, es un dia menor si bien no menos importante.

Como conclusión, creo que la semana santa como manifestación o tradición cultural de un pueblo es una fiesta única y de una belleza sin parangón independientemente de la fe que se profese. Aunque el proceso de laicización es inevitable la belleza debe ser perdurable y eterna.

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