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Apología Andaluza

Para cualquiera que desconozca la sucesión de acontecimientos esto que aquí escribo podría asimilarse como si de un episodio de Juego de Tronos se tratara, pero lo que viene después, es decir, la formación de la cultura e idiosincrasia andaluza, resulta prácticamente imposible de explicar al menos tal y como yo lo siento.

” Y sepa su excelencia don Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo del Primado de Toledo, que lo que hoy se abren aquí son las puertas del Andalucía”.  Frase atribuida a Alfonso VIII de Castilla.

No se ha hecho aún ninguna película, pero a modo de la batalla inicial en Germania en Gladiator o la batalla de Gaugamela en Alejandro Magno, bien podría hacerse una no menos épica y espectacular con la que tuvo lugar en el gran llano de la Losa que nosotros conocemos como la llanura o la Nava de Tolosa el 16 de julio de 1212. Es en ese momento cuando nace o comienza a gestarse Andalucía. Lo anterior a eso es lo que sucedió en un espacio geográfico: Tartessos, la Bética, Al Andalus y los almohades y almorávides. El nacimiento de la castellana Andalucía, escalón o paso previo a América nació ahí.

Había llegado procedente de Toledo la gran coalición cristiana encabezada por el rey Alfonso VIII de Castilla. Entre todos los integrantes había castellanos, navarros, aragoneses con su rey Pedro II al frente, portugueses, leoneses, ultramontanos (gentes procedentes de más allá de los Pirineos) y por supuesto miembros de las siempre ansiosas órdenes militares de Santiago, Calatrava, San Lázaro, San Juan y del Temple. La necesidad de tierra, el espíritu de reconquista y el fomento visceral del Papa Inocencio III había hecho que los reinos hispánicos cristianos decidieran plantar cara en campo abierto al temido Imperio Almohade que se extendía hasta más allá del Atlas. El punto de encuentro sería la gran llanura que en toda Sierra Morena se conocía como el llano de la Losa y que posteriormente cambiaría su nombre a la Nava de Tolosa o las Navas de Tolosa, una gran planicie  en la que la batalla campal sería librada por enésima vez entre la cruz y la media luna. Al otro lado la infantería marroquí, los voluntarios andalusies, la caballería almohade, los arqueros turcos y la temida guardia negra del Califa compuesta por fanáticos soldados-esclavo procedentes de Senegal ya se encontraba perfectamente dispuesta para afrontar el decisivo paso que haría que la Historia se inclinara en favor de un bando u otro.

El resto ya es historia. Como suele ser habitual en estos tiempos, se cuentan las causas y las consecuencias de las guerras pero no el desarrollo de las mismas. En este caso, la consecuencia fue la castellanización y cristianización de un área geográfica. Y a partir de aquí y en una sucesión vertigionosa de acontecimientos las principales ciudades fueron cayendo, los mudéjares fueron siendo expulsados al campo o invitados al exilio y el entramado urbano se fue repoblando de castellanos y navarros fundamentalmente. Todo el valle del Guadalquivir sufre esta transformación mientras que al este del valle no existe aún Andalucía porque pervive el reino nazarí de Granada, que no claudicará ante Castilla hasta más de dos siglos después de las Navas. Este punto es fundamental para entender las diferencias entre lo que es hoy la Andalucía occidental y la Andalucía oriental.

Cualquier andaluz con criterio tiene un millón de motivos por los que enorgullecerse de su tierra y otros tantos por los que avergonzarse. Yo creía que esto era propio de lo andaluz, pero lo cierto es que nadie en ningún punto terrestre podría tirar la primera piedra en este aspecto.

A Andalucía se la sufre, no se la vigila ni se  la atempera porque es libre, porque no es occidente pero no es oriente y le cuesta ser positivista europeísta pese a muchos empeños, porque como territorio visagra que es se resiste a homologarse, porque es un crisol y su esencia no se puede explicar a nadie que no haya bebido de sus aguas. Qué dificil resulta al no andaluz entender que Andalucía va por otro camino, que vive en otra dimensión y hará lo que ella quiera y cuando quiera.

Escribe Juan Ramón:
¡Venid, siglos venideros,
tened! Y ahora, huid, volad,
que ya os volveré a cojer
antes de vuestro final.

El arte era democrático y anárquico; se mezclaba y se confundía, se fecundaba y se prometía, se reía, se movía, se jodía y se volvía a fecundar. Al final produjo un hálito sólo aprehendible a los iniciados, a los practicantes de estados alterados de conciencia que comulgando sincréticamente en el valle del Guadalquivir, accedieron a beber de la fuente andaluza. Nadie jamás pronunciará su nombre y nunca podrá definirse porque como dice el Tao (en lo andaluz) “aquello que puede decirse no es”.

Cuando Celaya escribe que “Por la orilla de lo eterno, con los brazos extendidos, voy suspirando, llorando, aun no sé por qué motivo” yo lo imagino paseando por Andalucía asomado al Atlántico pero sin perder de vista el mar de Alborán, porque se trata de vivir en una cosmogonía alternativa como si Hesíodo hubiera sabido que por encima del mundanal ruido y las banalidades cotidianas existe Andalucía y su vida celeste.

Qué de acuerdo estoy con Pérez Reverte cuando hablaba de la Sevilla de los yonkis y las putas, del encanto burlón y la mística incomprensible para el que no sea andaluz. Entiendo perfectamente que abomine de esa otra Andalucía que se quiere homologar como folclórica asimilada, chistosa obligada, aristocrática y rancia llena de ferias y certámenes que representan cualquier cosa menos la esencia estoica de Lo Andaluz con mayúsculas.

En una conversación de las que mantengo casi a diario Andalucía me dice: “Adelante, hablad de mí, reiros de mí, yo estoy aquí para que me sigáis amando, para alegraros las vidas, para que siempre tengáis un lugar al que ansiar vivir. Cualquier cosa menos ser olvidada, yo fluyo a través de los siglos como el Punjab, como Pasagarda, como cuatro lugares escogidos en el mundo a los que el ser humano siempre querrá regresar”

Así que Día de Andalucía y fronteras como inventos políticos aparte, viva el valle del Guadalquivir y todo lo que de él ha nacido porque en Andalucía,  como dice de nuevo Juan Ramón, siempre seguirán los pájaros cantando:

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

 

 

 

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Entre Escila y Caribdis

“(Dios) produjo los dos mares que confluyen; entre los dos hay un istmo que no sobrepasan” Corán (55, 19-20)

“En el caos en el que vivimos, se imponen ciertas comparaciones, al menos para quienes son sensibles a las formas espirituales; y hoy ya no es posible dejar a un lado, guardando silencio, los problemas que de ahí se derivan” Titus Burckhardt. Introducción al Sufismo.

Cuando murió Mahoma en el año 632 sus seguidores se encontraron inmersos en el dilema sobre quién debía liderar la comunidad de fieles. Se abrieron dos vías posibles para determinar quién sería el próximo califa (sucesor, sustituto); una basada en el ejemplo y las costumbres (Sunna) y otra sustentada por la herencía directa de sangre (Chía). Los miembros más venerables de la comunidad eligieron a Abu Bark, hombre en quien Mahoma confiaba para dirigir la oración cuando estaba ausente y a la postre su suegro. Los miembros opuestos apoyaban a Alí,  pariente varón más próximo al Profeta ya que además de ser su primo estaba casado con su hija Fátima. Finalmente la facción mayoritaria suní ganó la elección y Abu Bark fue nombrado califa mientra los chiíes tendrían que esperar veinticuatro años para ver a Alí nombrado califa y ocupando el cargo apenas cinco años. Alí murió asesinado en Kufa y hoy puede visitarse su mausoleo en Nayaf.

¿Dónde queda la religión y la religiosidad en este capítulo? Los suníes han sido mayoritarios y más poderosos que los chiíes desde entonces. Tan solo la revolución de Jomeini en Irán dio auge al chiismo, que siempre ha sido identificado como el Islam de los pobres, oprimido y desheredado, minoritario, contrario al expansionsimo e imperialismo sunní. Cualquier musulmán del mundo afirmaría contundentemente que no hay de facto ninguna diferencia de dogma ni fe entre el sunismo y el chiismo, tan solo interpretaciones políticas enfrentadas.

Muerto Alí en el año 661, su segundo hijo Hussein lideraría la rebelión contra el califa omeya suní de Damasco resultando martirizado y muerto en Kerbala en el 680. Aún hoy los chiíes conmemoran el martirio de Hussein con desfile y flagelaciones muy similares a los de nuestra semana santa.

Hace unos días Arabia Saudí (suní) ejecutaba a Nimr al Nimr, clérigo (chií) supuestamente por estar involucrado en movimientos armados de conspiración contra el régimen saudí. Como reacción la embajada árabe en Teherán fue atacada por manifestantes y Estados Unidos condenó este último acto, no así la ejecución del clérigo.

Nimr al Nimr fue unos de los líderes de la primavera árabe en Arabia, donde denunciaba las discriminación de la población chií, el régimen autoritario de la monarquía saudí y la nula distribución de la riqueza petrolífica de la región. En 2013 fiscales saudíes pidieron su crucifixión y posterior decapitación y una vez muerto el clérigo y tensada la cuerda milenaria de enfrentamientos entre Suníes y Chiíes o lo que es ahora Arabia Saudí e Irán, digo yo a todo esto: ¿Dónde queda aquí la profesión de Fe? Un nuevo capítulo de envoltura y disfraz de religión y religiosidad.

Cito a Oliver Roy durante una conferencia de prensa sobre el Islam en Europa:

“Es necesario hacer una distinción entre religión y religiosidad. (…) En el cristianismo existen treinta y seis maneras de ser cristiano en el mundo, tanto en el plano personal como en el político, cultural, etc. En el Islam ocurre lo mismo. No obstante todo el debate actual está condensado en saber qué dice el Corán. Pero el asunto no es lo que dice el Corán sino lo que los musulmanes dicen que el Corán dice y ahí, en cuanto se plantea esto, surgen treinta y seis respuestas diferentes. Por tanto, lo que está en cuestión no es el contenido teológico de una religión, sino la mnera en que los creyentes lo viven, es decir, la religiosidad.”

Y a pesar de esto se sigue vendiendo como problema de religión. Y María aparece más veces en el Corán como ejemplo sublime de mujer que en el Nuevo Testamento…

Yo esto lo veo clarísimo. Un católico no necesita una reforma teológica  ya que el Catolicismo es en sí mismo antireformista. Y esto es así porque la religiosidad católica está perfectamente culturizada de valores occidentales. ¿Qué ocurre entonces con esa necesidad de reforma islámica? La teocracia es reciente en el Islam; los emires y sultanes tomaron el poder religioso por la fuerza, nunca en defensa del Corán. Entonces, ¿por qué no mostrar más respeto por la audiencia? Entender que no somos tontos y que no vamos a comprar su noticia. Llamar a las cosas por su nombre sin dejar que miles de millones de personas mueran por el beneficio de unos pocos. Maldito el uso que se hace de la religión y maldita la religiosidad mal hallada.

Entre Escila y Caribdis. Entre esos dos monstruos que viven en las aguas de un estrecho por las que transitan los acontecimientos. Entre economía y cultura que visten de religión.

 

 

WATERLOO SUNSET

“Mi alma era demasiado activa para dejarme aficionar a los pasatiempos ordinarios. Sin negarme del todo, necesitaba, para interesarme, otros objetos. Este gusto me dejaba en una soledad continua, ocupado únicamente en mis pensamientos: manera de existir que he conservado después en todas las situaciones de mi vida.”  Napoleón Bonaparte. Manuscrito de Memorias de la isla de Santa Elena.

Tiene la puesta de sol en Waterloo un olor a nostalgia y a decepción, a candelabro apagado y a rancio empeño. Resulta una sensación contradictoria la de pasear por los campos cercanos donde el hombre más importante de los últimos trescientos años hubo de claudicar su idea de renovación, de luces, de futuro y grandeza.

Porque siempre que se habla de Napoleón se saca a relucir obviamente su categoría militar formando podium histórico junto a César y Alejandro, su megalomanía y ansia de poder, su liderazgo y su carácter, pero son pocas las que se habla de su humanismo, su filosofía, su concepción del mundo, su pasión por las matemáticas y sus referentes histórico-filosóficos.

Después de innumerables coaliciones entre los países monárquicos y defensores del Antiguo Régimen contra la Francia Napoleónica y de que el corso haya ido venciéndolas una tras otra, tendría lugar a apenas treinta kilómetros de Bruselas la batalla que pondría fin al sueño y al primer ciclo revolucionario decimonónico, base de nuestra sociedad actual.

La Historia en manos temblorosas.

El 16 de junio de 1815 la Gran Armée vence a las fuerzas prusianas en Ligny pero no las aniquila. No hay tiempo que perder; la presión es máxima y es necesario poner rumbo urgente hacia Waterloo, donde el ejército inglés se atrinchera liderado por “un segunda fila” llamado Wellington.

Napoleón envía un tercio de su ejército a perseguir a los prusianos para asegurar su aniquilación, mientras los dos tercios restantes se emplazan en Waterloo donde una lluvia incesante amenaza que se lleve a cabo la propia batalla.

Para perseguir a los prusianos Napoleón ordena el mando al mariscal Grouchy, un hombre fiel al emperador y muy experimentado pero absolutamente exento de liderazgo, épica y mito que engrandezca su figura.

La orden es clara: perseguir a los prusianos evitando a toda costa que se unan a los ingleses. En todo momento su destacamento debe permanecer en contacto con el grueso del ejército.

Grouchy jamás encontraría al ejército prusiano, que lo burló y se unió a los ingleses. Ante la insistencia de sus generales de cesar la búsqueda y reunirse con Napoleón ante la inminente batalla, Grouchy, que jamás había tomado una decisión de forma independiente rehusó nervioso esta idea ciñéndose a la orden encomendada.

Las fuerzas francesas, muy mermadas y exentas de los grandes mariscales napoleónicos gloriosos lucharon hasta la extenuación contra los ingleses con ataques frontales de infantería, caballería y artillería. A punto de sucumbir el ejército inglés se vislumbra en la lejanía del bosque una mancha oscura que se acerca: el ejército prusiano en ayuda de Wellington. Grouchy llegaría a Waterloo un día después, cuando ya no había nada por lo que luchar.

La Historia Militar coincide en que la batalla de Waterloo fue de todo menos grandiosa; más parecida a una escaramuza masiva en un ambiente de lluvia, humedad, frío y barro. Miles de hombres muertos entre fango y heces de caballo tras casi dos dias sin dormir. Sin embargo, teniendo en cuenta que desde entonces la publicad y la propaganda de occidente la comanda el mundo anglosajón, se ha creado en la conciencia colectiva una verdad asumida y asimilada de que Waterloo es el fin del “ogro francés” (como lo describiera el mismo Tolstoi en su monumental Guerra y Paz), la gran victoria del hasta entonces don nadie Wellington contra Napoleón Bonaparte, algo profundamente erróneo ya que fueron los ejércitos prusianos los que determinaron la batalla. Bastante fetichismo británico que duró hasta la primera guerra mundial tras la cual no vendía muy bien contar que gracias a la ayuda de prusianos (alemanes) y de otros muchos lograron vencer a Francia

Grouchy era un personaje mediocre que tuvo la llave de la Historia en sus manos un segundo. Escribe con su maestría habitual Stefan Zweig: “En contadísimas ocasiones a lo largo de todos los tiempos el destino, llevado por un peregrino humor se echa a los pies de algún indolente. A veces el hilo de la fatalidad cae durante una fracción de segundo en unas manos por completo incompetentes. Ante el embate de la responsabilidad que les introduce de lleno en el heroico juego de fuerzas cósmicas, tales hombres, más que afortunados, se sienten estremecidos y casi siempre dejan que el destino que se les ha caído encima se les escape entre las manos temblorosas”

(Y a mí que me da por pensar en lo terríblemente aplicables que son estas palabras a los tiempos actuales…)

 Con Waterloo se cierra el ciclo napoleónico en Europa dando pie a una proceso de restauración de estructuras tradicionales, mas la semilla de la Revolución Francesa y de Bonaparte no habría hecho más que empezar a florecer. Desde entonces la rueda del destino tomó la dirección que desde la Bastilla hasta Santa Elena habría de fijarse inexorablemente: la modernidad.

Y como la grandeza no tiende de géneros ni artes, qué mejor forma de terminar este post con esta canción. Estoy seguro de que a Napoleón tambien le hubiera gustado la música de The Kinks. Entre grandes se entienden.

Pasión Pagana

A menudo me han preguntado cómo es posible tener tal querencia por tradiciones culturales tan propiamente eclesiásticas y sin embargo no compartir ni comulgar ninguna de ellas. Recién pasada la Semana Santa y comenzada la Pascua, escribo la única explicación que yo mismo puedo aceptarme:

Recuerdo que atardecía y Jerusalén tintaba lo últimos rayos de sol. No fue en la puerta de Sión, tampoco en la de las flores; fue bajo el umbral de la puerta Dorada donde comenzamos el verdadero camino. Reza la tradición: “Los justos entrarán en Jerusalén por esta puerta el día del Juicio Final” y nosotros anduvimos hasta llegar a la puerta de Betania, aquella que nos marca el camino a Getsemaní. Y desde allí bordeamos de nuevo la ciudad hacia el extremo opuesto para subir el monte Gólgota para poder repensarlo todo, volver a Hispania y poder disfrutar de nuestra semana de pasión con ojos y corazón paganos.

Crónica del Domingo de Ramos:

La alegría irradia por cada rincón del día más soleado de la semana santa. Las palmas en los balcones, las sonrisas de los niños y un desfile lleno de color rememoran la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Yeshua ben Yosef (Jesús hijo de José), un predicador más de los que llenaban las tierras de Israel aquel siglo I había centrado la difusión de su verbo en una voluntariosa reforma del judaísmo fundamentalmente por las áreas rurales de Galilea. Tal fue el auge de seguidores que días antes de la gran fiesta de la pascua judía dió el salto a Judea y más concretamente a la capital para poder predicar en el mismo templo de Salomón. Se conmemora una entrada triunfal que posiblemente no fue tanta, ya que en Jerusalén no tenía demasiados seguidores.

No es posible explicar a Jesús sin conocer su contexto: Décadas antes del advenimiento de Jesús, el reino de Israel ya es una mera provincia del Imperio Romano. A los césares les conviene tener una provincia a modo de “Estado tapón” que le asegure sus fronteras de los peligros de los árabes nabateos con su capital en Petra y del siempre agresivo Imperio Parto. Esta situación de hace más de dos mil años parece no haber cambiado demasiado…

A la muerte del último gran rey de Israel, Herodes el Grande, el reino queda dividido en tetrarquías. Entre otras, Galilea es gobernada por Antipas, hijo de Herodes el Grande,  mientras Judea será gobernada directamente por un legado romano. En el momento de la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un asno, Poncio Pilato es el gobernador de Judea.

Es difícil explicar lo que que siente en la calle un domingo de ramos si no se ha vivido desde la infancia semejante fiesta y participado en ella. Es júbilo, puro gozo extático. Las personas beben, visten como si fuera el día del juicio, ríen y se abrazan, las trabajaderas parecen no hacer mella en los costaleros porque a su ritmo el desfile de nazarenos ilumina las calles y la borriquita avanza hacia la conquista el reino de Dios. Es una día festivo y como dice la canción “todo es de color”.

Crónica de los atardeceres:

Los hebreos eran vistos por los romanos como un pueblo de orates, mojigatos, de mentes obtusas y ridículamente engreídos, ya que se consideraban por encima de los demás pueblos. Eran el pueblo elegido, el pueblo de Dios. Para un romano panteísta, heredero de Epicuro estas eran características de muy difícil comprensión, pero aún así las toleraban. Los judíos por su parte asumían el pago del tributo a Roma si bien el flujo y el caudal de oradores mitad santurrones que predicaban el fin de los tiempos al tiempo que invitaban a una rebelión colectiva contra el extranjero opresor romano comenzaba a cansar al legado imperial.

Los campos y resto de zonas rurales de Galilea estaban compuestos por masas de población muy retrasadas si los comparamos con las áreas urbanas y más si cabe con la capital de Judea. Es precisamente en esas zonas donde Jesús logra más adeptos a su prédica. Aunque de clara formación y vocación judía, la obra que siglos antes ha llevado a cabo el macedonio Alejandro Magno, ha permitido impregnar de ideas y filosofía griega desde el Nilo hasta el Ganges. De hecho tanto Herodes el Grande como su hijo Herodes Antipas, pese a ser judíos, son educados como griegos y piensan como tales. Conforme Jesús va teniendo más adeptos va teniendo también más enemigos: los saduceos, clase alta judía que ven peligrar sus beneficios con el negocio de templo, y los fariseos que no quieren ni baños de sangre como los que ya ha habido varios por parte de los romanos que quieren una provincia en paz.

Jesús entiende que se ha prostituido el Templo de Salomón y en un ataque de furia ataca a los mercaderes del templo, cambistas, herreros, etc. “Todos vivimos del templo. Esto no se puede consentir” diría Caifás, sumo sacerdote del sanedrín. Esta renovación del judaísmo rabínico que pretendía Jesús choca frontalmente con las creencias judaicas más clásicas y lo hacen tanto dogmáticamente como política y económicamente. (Antipas no quiere ningún altercado en su provincia ya que anhela que algún día el César le otorgue el trono de su padre).

Las procesiones de la tarde del domingo de ramos ya vienen acompañadas de un halo de tristeza, de incertidumbre, de incienso y de cirios morados a medio encender que ya no ilumina. Normalmente la escultura de Jesús se nos presenta arrodillada, consciente de que algo terrible va a suceder. Las esquinas se confunden con rincones de hermandad. Qué lejos queda aquel sermón de la montaña cerca de Cafarnaún en el que las Bienaventuranzas que proclamara el galileo lo acercaran tanto a las cuatro verdades nobles del Budha Sakyamuni.

Y al anocher, mientras los seguidores del galileo dormitan bajo los olivos Judas de Kariot, desencantado con las ideas del maestro se deja seducir por las monedas del Sanedrín para ayudar a capturar a Jesús, que preso y cautivo es dirigido a confesar su impostura. Su “al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios” será interpretado como una incitación a la rebelión contra Roma.

En casi todos los lugares la conmemoración del apresamiento de Jesús supone la procesión de la escultura del galileo en soledad con las manos atadas a la espalda. Realmente suele ser un desfile de tintes fúnebres, dramático. El silencio, el olor de las calles, la seridad y la penumbra inundan toda la puesta en escena de una teatralidad impresionante.

El maestro, erudito, escritor y poeta Robert Graves defiende que Judas era el más fiel seguidor y colaborador de Jesús y que se limita a cumplir las órdenes de su maestro entregándolo a las autoridades. En ningún caso es un traidor ya que Jesús pretende morir en la cruz purificado. Esto enlaza con la extinción de toda impureza que tenía la muerte por crucifixión en los pueblos presemitas. Es realmente un tema que pertenece más a la antropología que puramente a la historia científica.

Tres son los personajes fundamentales que son encargados de juzgar y condenar a Jesús de Nazaret:

– Caifás, sumo sacerdote que condena implícitamente al nazareno por subversión religiosa.

– Antipas, que ante la autoproclamación de Jesús como “rey de los judíos” ve peligrar su antiguo deseo de ser rey de Israel y tacha al galileo de loco, chiflado e insignificante.

– Poncio Pilatos, que como gobernador romano de Judea es el único que tiene potestad para condenar a muerte al galileo y que acaba haciéndolo ante la insistencia tanto del Sanedrín como de la corte de Antipas.

Para los tres es un asunto mundano, rutinatario y nada especial. Un loco judío más de los que abundan por esos tiempos.

Caifás es apartado de su cargo poco después de la crucifixión de Jesús y muere de una terrible enfermedad; Antipas no solo no sería jamás rey de Israel sino que el emperador Calígula lo desterrará a Viena donde morirá asesinado; Pilatos por su parte vería como desde Roma se pone fin a su carrera política y terminará suicidándose en Helvetia, actual Suiza.

Crónica de las Esperanzas

Llegados a este punto veo que no consigo ni de lejos mi objetivo, que es hacerme explicar a mí mismo como es posible querer, respetar y admirar una manifestación religiosa cuya esencia no comparto. Si lo pienso en profundidad, es tal el arraigo que en mí tiene esta fiesta, celebración y conmemoración, es tal la belleza estética que sobre mi pueblo y mi ciudad derrama; es tan espectacular la puesta en escena y la representación que unos ojos paganos como los míos no pueden más que admirar y respetar. Obviamente todo asentado en el poso cultural de la infancia y afortunadamente del paganismo que lleva dentro de sí la tradición católica; tal vez sea esto lo mejor que tiene respecto a la protestante.

Las esculturas idealizadas de Jesús darían para otro estudio, como el de Jacques Le Goff sobre cómo hemos hecho evolucionar la imagen de Jesús a lo largo de estos dos mil años. Desde el Jesús amigo, al Jesús ya mesías, al Jesús juez y vigilante, al Jesús omnipotente, al Jesús misericordioso, al Jesús que muere por la humanidad, etc.

Mis ojos paganos no comparten la idea de que Jesús sea hijo de Dios. Para mí es un proceso posterior en la línea del contexto romano, es decir, a los césares también se les deificaba y eran hijos de Júpiter. La figura de Jesús debió “sufrir” una evolución similar con posterioridad a su muerte. Del mismo modo son sus seguidores los que lo nombran Mesías en alusión a las profecías de Elías y Zacarías. No tenemos evidencias que indiquen la autoproclamación de Jesús como Mesías liberador del pueblo elegido contra la opresión romana. Por tanto Jesús muere mucho antes de ser convertido en “el Cristo” (el ungido) y toda la profesión de dogma y fe es producto de siglos y siglos de cristología.

Para mí Jesús es un reformador del judaísmo. Es un predicador más de los que llenan el extremo oriental del Imperio Romano que muere condenado. La religión cristiana nace después de su muerte y probablemente a pesar de él.

Si analizamos fríamente los contextos históricos, las sociedades y los vestigios lo que predica Mahoma seis siglos después en Arabia es prácticamente lo mismo que lo predicado por Jesús. ¿Qué fue antes, la religión o la cultura? La religión es un producto cultural pero bien es cierto que en gran medida toda la cultura occidental está asentada sobre pilares religiosos.

Entre el jueves y el viernes santo María, la madre de Jesús rivaliza con su hijo en devoción y sufrimiento. Tanto es así que como dicen muchos eruditos más le valdría a esta religión llamarse “religión mariana” en lugar de “religión cristiana” dado el número de templos dedicados a la madre y al hijo respectivamente.

María pasa prácticamente de soslayo en los Evangelios y es ya a mediados del siglo III d.C. cuando para rivalizar con las deidades orientales como Astarté y Aditi se convierte a María en diosa madre y virgen. Respecto a su virginidad vuelvo de nuevo al maestro Robert Graves que abre la hipótesis de que María la Tejedora perteneciera al templo de las vírgenes de Herodes el Grande y se enamorara de Antípatro, hijo predilecto del monarca. Esta sería la razón por la que Jesús pertenecería a la casa de David.

La noche de las Esperanzas es embriagadora por la entrega, la devoción, la lúgubre y tétrica envoltura que acoje a la madre horas antes de recibir el cuerpo de su hijo en sus brazos en la que popularmente se conoce como la quinta angustia de María. Realmente se confunde en la mayoría de representaciones la quinta con la sexta angustia. La quinta angustia de María es la madre al pie del madero llorando por su hijo y la sexta es el descendimiento del cuerpo de Jesús a los brazos de María, imagen que conocemos como Piedad.

Crónica del Dominus Dei

El dominus dei, domingo, día del señor, se conmemora la resurreción de la carne, el día justo después del sabat judío en el que Jesús resucita para posteriormente ascender a los cielos a la derecha del padre. Normalmente es un día de cierre de ceremonia, es un dia menor si bien no menos importante.

Como conclusión, creo que la semana santa como manifestación o tradición cultural de un pueblo es una fiesta única y de una belleza sin parangón independientemente de la fe que se profese. Aunque el proceso de laicización es inevitable la belleza debe ser perdurable y eterna.

El salvador de las madres

“No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos”. Carta de Ignacio Semmelweis a un amigo.

Una de las grandes historias con las que he tenido la suerte de toparme y que escribo a modo de esquema. El detective que dedica su vida a la búsqueda del asesino pero que termina descubriendo que el asesino es él mismo.

Queda poco magiar en el Budapest de estos primeros años decimonónicos en los que el germen de la libertad revolucionaria se resisitía a morir a pesar de los intentos de reaccionarios, tradicionalistas y defensores acérrimos de las monarquías más rancias y obsoletas. Por mucho que se pretendiera desde los poderes establecidos, la nueva era postnapoleónica se afianzaba en una  Europa calada hasta los huesos de ideas liberales sin las cuales no podrían comprenderse los tiempos venideros.

Ignacio nació en Budapest en 1818. Concretamente en Buda, que es como llamaban los húngaros a la orilla derecha del Danubio. A Ignacio le gustaba creer que el nombre de Buda guardaba relación con el hermano de Atila el huno, aquel guerrero que hiciera temblar a la mismísima Roma durante su época de prolongada decadencia. Sin embargo ya por aquel entonces los húngaros son vistos por los austríacos, con lo que guardan una relación más que estrecha, como ciudadanos de segunda. Ignacio curiosamente nace en un barrio repleto de población de origen alemán, de modo que habla el magiar y el alemán. De buena educación marchará a Viena a estudiar medicina tan pronto como quede desencantado de la carrera de Derecho.

Realmente Ignacio vive obsesionado con la cirugía y con el origen de la infección cirúrgica. La hemorragia, la infección y el dolor copan toda su atención.

Una vez en Viena tiene acceso a fuentes documentales hospitalarias que revelan que prácticamente una de cada tres mujeres parturientas perdía la vida aquel año de 1837. Uno de sus profesores y mentores afirma categóricamente durante una inspección que la mortalidad entre mujeres al dar a luz es de un 96%.

Ignacio logra finalmente acceder al Hospital de Maternidad de Viena. Han pasado años de estudio, de salvar vidas, de asir la vida batiendo a la naturaleza, pero a pesar de todo Ignacio se pregunta atormentado cómo es posible que la máxima expresión de la salubridad en un ser humano que es precisamente la concepción y el nacimiento de otro ser humano pueda ser motivo de tan alto porcentaje de mortalidad. La medicina norteamericana está en boga pero las escuelas clásicas europeas se niegan a conceder a aquellos nuevos métodos excesiva credebilidad.

En el hospital donde trabaja Ignacio, tanto él y sus compañeros trabajan en dos salas. En una practican medicina forense y en otra medicina maternal. Las fiebres puerperales son el mayor enemigo de las matronas y de los cirujanos; merman todos los esfuerzos inútiles de la ciencia. Durante una de esas interminables tardes de investigación después de miles de horas dedicadas a la búsqueda y hallazgo de una solución, Ignacio realiza la arriesgada prueba de llevar materia infecciosa de la sala de medicina forense a la sala de maternidad. Al contemplar que una de la mujeres languidece consumida por la fiebre, obliga a instalar un lavabo a la entrada de la sala de partos exigiendo a todo médico lavarse las manos con sal clourodada antes de entrar en quirófano. El resultado: la mortalidad desciende hasta el 12%.

El detective había hallado al asesino y resultaba ser él mismo. Los médicos realizaban investigaciones sobre cadáveres en la sala adjunta y sin ningún tipo de higiene asistían al mismo tiempo en maternidad transmitiendo infecciones durante el parto. Las manos son los vectores de transmisión del asesino. La mortalidad en maternidad caerá sucesivamente hasta el 0,23%.

Como desgraciadamente suele pasar en la historia de la ciencia, la comunidad científica da la espalda al descubrimiento de Ignacio y sus subversivos métodos hacen que sea expulsado del hospital en 1849. Un húngaro no puede decirle cómo se opera a un austríaco. Vuelve a Budapest y vive en la miseria mientras escribe en secreto un libro que titulará “De la Etiología: el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal”.

Gracias a un amigo consigue recuperarse económicamente y años después, ya en 1854 consigue ser profesor de Maternidad en Pest haciendo desaparecer por completo la fiebre puerperal en las parturientas de su hospital.

Los años de investigación y la inversión intelectual hecha en gran parte a costa de los reveses sufridos en su vida personal hace que poco después su salud mengüe y comience a sufrir alucinaciones que irá alternando con períodos de lucidez. El rechazo de la comunidad científica internacional continúa a pesar de los resultados de su método. Todo esto hace que en el año 1865, con apenas 47 años y delante de sus alumnos, Ignacio abra un cadaver para hacer una inspección forense y utilice el mismo bisturí para provocarse una herida profunda. Tras tres semanas de fiebre, él mismo muere a casa de las fiebres. Años después Louis Pasteur confirmaría a Ignacio Felipe Semmelweis como una figura fundamental en su teoría microbiana.

Hoy, en el hospicio general de Viena del que fue expulsado se alza un pedestal con una efigie en el que puede leerse: Ignac Fulop Semmelweis. El salvador de las madres.

Ignaz Semmelweis

Ignaz Semmelweis

60 años no es nada

Una conjunción no programada en el tiempo hizo que aquel nublado día comenzara a sonar Ricky Lee Jones tocando una versión del clasicazo de Donovan “Catch the wind” mientras leía cómo, tras la segunda guerra mundial en la que Alemania había quedado arrasada después de haber destruido el viejo continente, las potencias occidentales habían decidido ayudarla en su reconstrucción mediante la inyección de capital y pocos años después, en 1953, apenas ocho años transcurridos desde el fin de la guerra, le perdonaban más del 60% de la deuda que tenían los germanos con los muchos países acreedores. Después haber ocasionado dos guerras mundiales y haber sembrado el terror por occidente, todos los países con los que Alemania tenía deuda fuera por indemnizaciones de guerra o por inversión, llegaron a este acuerdo en Londres. Esta acción, esta condonación de la deuda permitiría entre otras cosas que Alemania se erigiera en gran potencia económico-industrial de Europa en la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días.

La canción seguía su curso y llegaba al verso “pero puedo también intentar atrapar el viento”.

Siempre he pensado que la Historia se enseña y se explica mal porque se hace ver y entender al neófito como algo extraño, lejano, que ocurre en otra dimensión espacial además de obviamente temporal. Sus personajes nos resultan arcanos, las acciones obviedades y los muertos como daños lógicos y colaterales. Nunca se nos enseña que el personaje principal de los fusilamientos de Goya podría ser nuestro panadero de la esquina, que la libertad guiando al pueblo de Delacroix sería en realidad nuestra abuela pasionaria que trabajaba en una fábrica envasando o que los revolucionarios bolcheviques podríamos ser nosotros con menos cultura y más arrestos.

Al fin y al cabo lo que se acordó en Londres en 1953 respecto a Alemania era ayudar a un país para que pudiera crear empleo, reconstruir infraestructuras destruidas, incentivar la iniciativa privada, aprobar un nuevo plan educativo para la presente y futura generación de alemanes, reformas en materia de sanidad, del propio sistema político y como no podríamos olvidar occidentalizar Alemania para evitar que cayera en los brazos del comunismo. ¿Esto es Historia o es presente?

Y seguía la canción “cuando la lluvia ha colgado las hojas con lágrimas”.

Había cierta ironía en todo esto. Alemanía había acabado de pagar lo que le quedó de deuda por el dinero prestado tras la primera y la segunda guerra mundial en el año 2010.  Eso sí, la deuda histórica que tiene con Grecia por ejemplo, jamás ha sido pagada a pesar de la insistencia y numerosas peticiones de los griegos, que por cierto están al borde del colapso…o de hecho ya colpasados de lleno.  Así que tal y como todo esto ocurría y ocurre parece que el concepto temporal habría que revisarlo y medir el tiempo en euros en lugar de en años. “Hace ocho mil millones de euros que eras tercer mundo, Alemania. Y se perdonó todo para que pudieras resurgir”.  Los viejos esquemas de  la evolución, del pensamiento y la involución quedaron obsoletos. El tiempo se mide en euros.

Luego, sin venir a cuento comenzó a sonar “Noviembre” de La Bien Querida  y “Como el daño auyenta primaveras, cuando rompemos truenos por los campos”. Así que en un clarísimo ejemplo de divagación e ira miré por la ventana, ví un coche color púrpura aparcado y me acordé del castigo por permitir traición, inmoralidad y miseria. De hecho, uno de los castigos más famosos y que más dio que hablar a lo largo de toda historia militar romana fue la aplicación de la “decimatio”.Los ejércitos romanos se organizaban en legiones; cada legión tenía normalmente seis cohortes y cada cohorte tenía seiscientos hombres. La decimatio consistía en dividir estos contingentes en grupos de diez y echar a suerte quién debía ser castigado. De este modo, uno de cada diez sería lapidado o golpeado hasta la muerte por los otros nueve compañeros. Puestos a involucionar y dejar prosperar al animal habría que buscar el equivalente histórico a este castigo como el fusilado goyesco y el panadero, el bochevique y mi amigo Evaristo, la Libertad y la abuela de Evaristo, y no dejar que esa hipocresía de muerte social que es la cárcel durara dieciocho horas porque tienes dos millones y medio de euros robados para pagar la fianza en un país en el que a una mujer hondureña se le deniega operarle el cráneo porque no tiene papeles. Sesenta años no es nada.

James Ensor: La entrada de Cristo en Bruselas.

James Ensor: La entrada de Cristo en Bruselas.

Precursor del expresionismo y del surrealismo el pintor belga nos hace dudar en esta obra si la gente acompaña a Cristo en su entrada en Bruselas o este simplemente se pierde envuelto en la muchedumbre de un inmenso carnaval de máscaras inmersas en la gran farsa de “lo social”.

Romanos en China

“Díjoles Craso con altanería que en Seleucia les daría la respuesta, y el más anciano de los embajadores, llamado Vagises, echándose a reír y mostrando la palma de la mano: “Aquí ¡oh Craso!- le dijo- nacerá pelo antes que tú veas a Seleucia” – Plutarco. Vidas Paralelas.

El joven centurión  Cayo Milvio se encuentra cansado, sucio, sin fuerzas y encadenado pero debe seguir el trayecto al que lo someten sus vencedores. Él y sus más de cuarenta mil compañeros que expanden y defienden Roma han sido derrotados por los partos en Carrhae , un enclave estratégico desde tiempos inmemoriales por su poderío comercial situado entre Nínive, Damasco y Karkemish; casi donde las cabeceras del Tigris y el Eúfrates se abrazan,  plena ruta de la seda,  allí donde oriente y occidente se dan la mano y se enriquecen el uno al otro.

En el año 53 a.C. y tras la caída del dictador Sila,  la república romana se ampara en el primer triunvirato político de la Historia que compondrán los cónsules Pompeyo, Craso y Julio César. A pesar de sus carreras y méritos todos necesitan ver aumentados sus honores y glorias de modo que Pompeyo vencerá en Hispania, César hará lo propio en la Galia y Craso, gobernador de Siria,  centrará su actividad tras acabar con Espartaco en la parte oriental de las tierras dominadas por Roma. No contaba sin embargo este último con la mala jugada que el destino iba a depararle. No escuchó a Cicerón cuando llamó “nulla causa” a su intentona de  adquirir gloria y nuevas arcas con las que saciar su sed personal mediante una guerra injustificada. No evaluó que el rival, a pesar de sus disputas internas, se proclamaba heredero de Ciro y los aqueménidas ni que aún conservaran atisbos del legendario orgullo persa que hipnotizara al mismísimo Alejandro.

orodes II, rey de Partia

Orodes II, rey de Partia

El ejército romano fue aplastado por los partos. Miles de soldados fueron muertos y otros tantos miles hechos prisioneros. En cuanto a Craso, su cabeza y sus manos fueron expuestas en la corte de Orodes II,  rey del gran Irán que se extendía desde Siria hasta las puertas del reino celeste.

Cayo Milvio era uno de los miles de prisioneros, uno de esos legionarios que llevaba tres años y dos meses sin ver a su familia para la que la única fuente de sustento era que él clavara siempre la última espada. Esta vez no fue así. Milvio y sus hombres fueron llevados a pie al extremo oriental del imperio parto, a la región de Bactria; el norte del actual Afganistán y pleno corazón de Asia. Allí establecieron su morada siendo utilizados como guarnición fronteriza para defender al imperio parto de los ataques y el pillaje de los pueblos extranjeros nororientales que serían precedentes de los hunos.

Mientras esto sucede, ya muerto Craso, los supervivientes del Triunvirato,  Pompeyo y Cesar, se disputan la victoria en la guerra civil que acabará con la república. Nadie se acuerda de los miles de prisioneros romanos que luchan en el fin del mundo por defender a su verdugo.

Al este del este

Cayo Milvio pensaba en lo que debió sentir Prometeo cuando fue encadenado en la roca cerca de donde él estaba ahora y Zeus mandaba un águila para que se comiera su hígado. Así se sentía él. No podía pensar en los héroes macedonios, solo sentía el abandono, la soledad y la desesperación colindante a la locura. Un buen día bajó a por agua al riachuelo más cercano y vió acercarse desde la otra orilla a una comitiva de personas que parecían engendros sacados de una pesadilla. Eran bajitos, sin nariz, vestían ropajes de colores y suaves. Todos se acercaron a él y lo rodearon. Decían que venían del reino celeste. Milvio ya llevaba cinco años en aquella región y había oído hablar del gran Cathay, un reino legendario al este del este que se extendía hasta más allá de lo que un hombre pudiera recorrer en mil vidas. Milvio cedió ante ellos, pero las buenas intenciones iniciales se esfumaron conforme el acero hizo acto de presencia. En apenas dos días más de tres mil ya veteranos romanos fueron nuevamente encadenados y conducidos al norte de China. Les llamaban narigudos y se sentían atraídos por su tácticas militares, sobre todo la formación en tostudo o tortuga. Y allí, bajo las sombras de la jovencísima gran muralla los veteranos romanos defenderían espada con espada a un nuevo verdugo, esta vez, de los mongoles.

Cayo Milvio y sus hombres jamás regresaron a sus hogares. Murieron al otro lado del mundo en el barro de un reino de ensueño. Mientras tanto la república romana entonaba su canto del cisne para dar paso al imperio.

Fotograma de "Acantilado Rojo" ambientada en el final de la época Han

Fotograma de “Acantilado Rojo” ambientada en el final de la época Han.

En esta época, el Imperio Romano y el Imperio Han de China son los mayores del mundo. Ambos conocen su existencia pero no tienen relaciones directas. A casi siete mil kilómetros de distancia la ruta de la seda y los pueblos intermediarios son los únicos que logran crear un puente asiático entre oriente y occidente.

La zona del Gobi que defendieron los hombre de Cayo Milvio se conoció en China como Li-Jien, cuya sonoridad recuerda a “Legión”. Con la reforma administrativa confuciana se renombró como Jie-lu, que significa “cautivos”.

IMPERIO ROMANO E IMPERIO HAN. SIGLO I d.C.

IMPERIO ROMANO E IMPERIO HAN. SIGLO I d.C.

El Diario de Baler

A Luisito Luzón siempre lo llamaban Ele. Le gustaba. Ele por dos razones; por ser sus iniciales L.L. y también porque desde muy pequeño le gustó escribir. Escribía sobre cualquier cosa pensando que alguien leería las descripciones que hacía de todo lo que le interesaba. Era un chaval de clase media que había nacido y crecido en Baler (Filipinas) que en realidad siempre quiso pertenecer a alguna tripulación del Galeón Manila, la Nao de China que decían algunos;  aquellos barcos españoles que años antes habían cruzado el Pacífico desde Manila a Puerto Vallarta; o ser un contramaestre de las Flotas de Indias que navegaban por el Atlántico desde Veracruz hasta Cádiz.

A Ele le tocó vivir uno de los momentos más convulsos de la historia de su país. Un fragmento de su “pequeño diario de sucesos” contaba aquellos acontecimientos.

10 de mayo de 1898. Baler

Esta guerra no se acaba. Cuando creía que ya nos habíamos librado de los españoles ahora parece que aguantan. Por la información que escuché desde el puerto y por la prensa, Estados Unidos acabó  fácilmente con España en Cuba. Ahora los yankis han atracado en Manila con mil barcos y un montón de soldados para ayudarnos contra los españoles y los han destrozado en el puerto de Cavite, Manila.

2 de julio de 1898. Baler

Los españoles están locos. La guerra la tienen perdida, pero según escucho debe tratarse de cincuenta o sesenta personas. Se han atrincherado en la iglesia de San Luis. Uno de los capitanes del ejército revolucionario filipino ha dicho hoy en Manila que son un atajo de inconscientes. Llevan tres días allí hacinados. ¿Cuánto tiempo podrán aguantar?

9 de agosto de 1898. Manila

Los yankis han tomado Manila. No entiendo esto muy bien. El ejército revolucionario filipino parece estar al margen de las cosas y los americanos son los que lo están celebrando. Se supone que hemos luchado juntos contra los españoles y que nos venían a ayudar. Los locos esos de la iglesia siguen allí metidos y no hay quien los bata.  Me pregunto cómo pueden estar todo el día encerrados sin perder el conocimiento entre disparos, sangre y muerte.

14 de  de noviembre de 1898. Baler

Hace algunos meses que no escribo. Las islas arden en combates.  Ahora mismo me echo las manos a la cabeza y todo el mundo parece que esté pendiente aquí en Baler de los españoles esos metidos en la iglesia. Acabo de enterarme de que su desconexión del mundo es total. ¡No sabían que estaban en guerra con Estados Unidos! Seguían pensando que solo había escaramuzas con rebeldes filipinos. Noto que crece el rencor hacia los yankis y se aprecia el valor de los españoles. Aquí gente del pueblo se ha acercado a tirarles comida por alguna rendija que encuentran mientras el ejército revolucionario sigue hostigandolos para que salgan de una vez y se rindan. Esto es muy raro.

5 de febrero de 1899. Baler

No me puedo creer lo que he visto esta mañana. Un cabo filipino ha apuñalado a un americano en la calle Vistamarina. ¡Lo ha matado allí mismo! Todo lo que llega de Manila es odio hacia los yankis. Nos han engañado. Vinieron para ayudarnos contra los españoles pero se han apoderado de todo, de los puertos, del comercio, del gobierno…malditos sean. Hace ya tiempo que la guerra contra las españoles ha terminado…excepto aquel contingente de la iglesia. No hay quien los saque de allí. Dios mío llevan ocho meses encerrados. ¿Cómo es posible? ¿Dónde hacen sus necesitades, en el baptisterio? ¿Cómo pueden aguantar el asedio entre tanta necesidad y en esas condiciones infrahumanas? El propio gobierno español está mandando comunicaciones para que abandonen la iglesia de una vez pero ellos se niegan, dicen que es mentira que hayan perdido la guerra, que el Imperio Español es el más grande que ha existido nunca y que no caerá jamás.

28 de abril 1899. Baler

He oído un disparo. Creo que en la sacristía. Todo parece indicar que comienza a haber secesiones y ajusticiamientos internos entre los españoles. Esto es insostenible. La mismísima reina Maria Cristina  ha enviado a cuatro franciscanos para convencer a esos soldados de que abandonen y tampoco les han hecho caso. No pueden ser hombres comunes, esos soldados están aguantando condiciones infrahumanas  y siguen defendiéndose.

26 de mayo de 1899. Baler

En la islas ya no se habla de otra cosa. Va a hacer un año que esos locos, raudos y poderosos héroes españoles se niegan a admitir que España ha perdido todo su imperio de ultramar y que ya no es más que parte de una península periférica de Europa. Mas si todos los españoles tuvieran el coraje y la fuerza que estan demostrando los de la iglesia la realidad sería de otra forma. Hoy ha ido un nuevo emisario para forzar la capitulación. Les ha llevado un ejemplar del periódico El Sol donde se dice que España ya no posee Filipinas. Lo han rechazado.

2 de junio de 1899. Iglesia de San Luis de Tolosa. Baler.

Los he visto! Han salido todos! Se han rendido! Deben ser sesenta soldados, sucios, esqueléticos algunos, enfermos…hay cadáveres dentro de la iglesia. Han salido los héroes! Todo el mundo aquí está apludiendo a su paso y ellos están desconcertados mirando para todos sitios…no saben por qué los vitorean en territorio enemigo. Los han llevado hasta Manila como si fueran héroes filipinos. Creo que los van a repatriar a España en unos días.

El desastre del 98, la guerra hispano-americana finalizaba oficialmente en diciembre de 1898 con la independencia de Cuba y la venta forzosa por 20 millones de dólares de Filipinas, Puerto Rico y algunos otros territorios a Estados Unidos. La gran derrota, la gran humillación abría la puerta al  sentimiento perdedor y al complejo histórico español dando nombre y esencia a toda una fantástica generación de intelectuales. Siempre se salvaron de esta idea los héroes que durante 337 días aguantaron peleando inconscientes en una guerra que ya no iba con ellos, a espaldas de la realidad en aquella pequeña iglesia al otro lado del mundo. De los sesenta soldados atrincherados, quince murieron enfermos, seis desertaron y dos fueron fusilados. Solo aquellos muros saben lo que se viviría allí dentro durante casi un año. Fueron los últimos de Baler. Los últmos de Filipinas.

Luis Luzón moría en Puerto Princesa en 1949 legándonos su “Pequeño Diario de Sucesos”.

Iglesia de San Luis de Tolosa. Baler

Los últimos de Filipinas

El 30 de junio es el día oficial de la Amistad Hispano-Filipina.

Baler está hermanada con más de treinta poblaciones de toda la geografía española.

Los Puentes Volados

Aunque nació en Luoyang,  lugar donde se esculpió la luz en la roca, fue Chang ‘an (actual Xian) la ciudad que vió crecer a Xuanzang. Nacido en una familia de eruditos y sabios, eligió la vida monástica en un momento en el que aquellas extrañas ideas que venían de más allá del Jima-Alaia (Himalaya, lugar de las nieves) aún constituían algo minoritario en el Reino del Centro.

Con 27 años Xuanzang partió en peregrinaje para conocer de primera mano las enseñanzas del Buda: de Xian a Turfán, de Turfán a Samarcanda, de Samarcanda a Bamiyan, pasando por otros muchos parajes y ciuadades que ya abrazaban el pensamiento del Sakyamuni.  Ya en el subcontinente indio Xuanzang atravesó el Ganges hasta llegar a Sankasya y a la cuna de Gotama, Kapilavastu, ….y a Bengala, y a Benarés, y a Ceilán….y a tantos otros lugares que quince años después inició su camino de retorno con casi setecientos textos búdicos, anotaciones, dibujos y una amalgama de caminos hacia la perfección que pasaban por todas las escuelas y tendencias espirituales. Su vida efectivamente fue su camino y aunque sus pies olvidaron facilmente los millares de kilómetros, su mente tardaría unos años en asumir y en aprehender tal cantidad de vivencias, cambios, ideas y vias posibles hacia lo Supremo.

Su obra sirvió para difundir el budismo en China hasta convertirla en la religión mayoritaria siempre en disputa con el taoismo y el confucionismo. En Xian halló descanso en el Templo de la Gracia Maternal y dentro del mismo la Pagoda de la Oca Salvaje fue reconstruida para albergar la mayoría de textos que trajo de sus viajes y convertida en el mayor centro de traducción e interpretación búdico de China.

Xuanzang no sabía, nunca supo de hecho, que había construido un puente atemporal entre China y la India. Pocos sin embargo imaginarían que apenas veinte años después el Islam haría tambalear aquella fuente germinal greco-hindú que convertida en un crisol constituiría siglos después el shangri-la, el mismísimo “break on trough to the other side” de muchos y tantos fatuos occidentales.

Durante el año 632 Xuangang estuvo en Kushinagar, lugar donde falleció el Buda. Fue el mismo año en el que, muchos kilómetros al oeste, moría Mahoma y el Islam comenzaba su expansión mundial.

Xuanzang moría en el año 664 lleno de honores y el emperador Taizong “El hijo del Cielo” rezaría por él en el templo del mismo nombre en aquella época del año a mediados de verano, cuando nacía el ying y empezaba a morir el yang .

A todos los que construyen puentes y contra todos los que intentan destruirlos.

Grutas Longmen. Luoyang. La luz esculpida en la roca

Templo del Cielo

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya,
así en la costa un barco, sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.            

– Antonio Machado –

Federico II de Prusia

“Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.” Federico II

Descendiente de una de las miles de familias judías eslavas de Panonia que emigraron a Prusia a finales del siglo XVII, el escritor Ozro Ziscarevich, que vendría a significar Osro hijo de Ciscares, conseguiría progresar socialmente hasta adentrarse en la mismísima corte del gran rey Federico II de Prusia. Ziscarevich, gran conocedor de las costumbres y del pensamiento germánico logró ocultar sus verdaderos orígenes semitas para poder ascender en la estricta y monolítica estructura social prusiana y ser testigo directo de los grandes acontecimientos de la época. Para ello no dudó en adaptar su apellido, con el que firmaba todos sus documentos, del eslavo al sajón clásico, y es así como nos ha llegado hasta hoy:  Cisco.

Fragmentos de la correspodencia epistolar intercambiada entre Cisco y el profesor Hans Van Volum en el que Cisco habla sobre la vida de Federico II “El Grande”:

Habían pasado dos días desde la fuga huyendo de Prusia. A Federico no le interesaba lo más mínimo el destino que su padre le tenía reservado. Una vida solemne en un palacio y reinando un Estado militarizado. Su vocación andaba lejos de los asuntos políticos y se encaminaba más hacia la filosofía y las artes. En su aventura le acompañaba el teniente Hans Hermann von Katte, su mejor amigo. Pero no alcanzaron su objetivo. Fueron capturados cuando no se había cumplido tres días de la huida. Su progenitor (apodado el Rey Sargento) fue implacable y los ajustició con un castigo ejemplarizante: condenó a muerte al que creía amante de su hijo y encarceló a su hijo Federico durante dos años en la prisión. En un alarde de crueldad le obligó a presenciar la decapitación de Hans Hermann y le fue retirada temporalmente su condición de príncipe heredero del reino. Pasados unos años, y no se sabe bien por qué, en el lecho de muerte de su padre Federico Guillermo I, aceptó el cargo de rey.”

Federico II el “Grande” de Hohenzollern nació en Berlín el 24 de Enero de 1712 y fue el tercer rey de Prusia. Su largo reinado comienza en 1740 y finaliza en 1786, cuando muere en Postdam. Anteriormente había aceptado casarse con Isabel Cristina, hija de Fernando Alberto II de Brunswick en 1733, aunque no llegó a compartir su vida con ella. Este último hecho significativo ha hecho correr ríos de tinta sobre su supuesta homosexualidad o su animadversión hacia las mujeres. Independientemente de esto, su figura ha quedado grabada con letras de oro: fue el máximo exponente del despotismo ilustrado, impulsó el derecho prusiano protegiendo a los más débiles, fundó la sanidad y la educación pública. Fomentó la colonización a base de inmigrantes procedentes de las zonas más despobladas y atrasadas del reino consiguiendo aumentar la población hasta los seis millones de habitantes. Es considerado uno de los mayores genios de las tácticas militares de la historia, a la altura de figuras tan emblemáticas como Alejandro Magno o Julio César, lo que le permitió expandir el territorio prusiano.

Aparte de todo esto, Federico II destaca por ser un hombre muy ligado a la cultura, las artes y las ciencias. Fruto de ello construyó un Palacio en Postdam llamado Sans-Souci (en castellano, “sin preocupaciones”) donde tenía su corte, pero que era mantenido de forma muy austera. Era su lugar de residencia habitual en épocas vacacionales y donde daba rienda suelta a su vena artística y su interés por la filosofía, recibiendo en él a figuras tan importantes como Voltaire con el que mantuvo una estrecha relación. De hecho, llegó a escribir treinta volúmenes literarios, publicados entre 1846 y 1857, entre ellos, Historia de mi tiempo y Anti-Maquiavelo, en el que se insta a los gobernantes a pertrecharse de una fuerte envergadura moral y criticando duramente el realismo político.

A la muerte de Federico II, y al no tener descencia, heredó el trono su sobrino Federico Guillermo II, que dilapidó toda la riqueza heredada por su antecesor, olvidándose del pueblo y dedicándose exclusivamente a los placeres terrenales. Como era de esperar no respetó la última voluntad de su tío, que había pedido ser enterrado en los jardines de su palacio de Sans- Souci en una tumba sin grandes alardes de grandeza. No fue hasta 1991 cuando Federico II vio cumplido su último deseo de ser enterrado allí junto a sus once perros. Si uno visita la tumba en Postdam puede observar como el homenaje del depósito de patatas de la gente de a pie sobre su tumba es hoy un símbolo en agradecimiento por ser el promotor del cultivo de patatas que palió el hambre del pueblo después de la guerra de los 7 años. Durante su mandato se alentó su cultivo en Prusia, un verdadero acierto, ya que décadas después entre los años 1771 – 1772 salvó muchas vidas por el desastre de las cosechas, una de las muchas que Europa padeció en su historia.

“Los títulos son condecoraciones para tontos. Los hombres grandes tienen suficiente con su nombre” Federico II

Federico II

Teresina y el Príncipe de España

“Esas tierras siempre verdes entre el mar y las rocosas, entre el llano y las montesas donde el norte se termina y los días se eternizan” – Crónica mozárabe s. XIV –

Cerca de Mieres, allá por el alto de San Emiliano nació y se crió la niña Teresa bajo la obsesiva protección de su madre y de la siempre rígida moral montañesa. Huérfana de padre desde apenas los dos años, Teresa creció en relativa normalidad gracias al amparo del que siempre fue objeto por parte de las Hermanas Pobres de Santa Clara, que se apiadaron tanto de ella como de la temprana viudedad de Lena, su madre. A pesar de sus carencias y de tener que vivir con lo justo fue una niña feliz. Nunca aprendió a leer ni a escribir, ya que el Convento exigía unas sumas de dinero imposibles para Lena, pero Teresa era una niña inquieta y curiosa que aprendía y maduraba al tiempo que iba creciendo inmersa en una relación directa y armónica con la naturaleza.

Muy distinta fue la infancia de Juan, llena de cuidados y lujos aunque siempre condicionado por su delicada salud. Nació por sorpresa y su parto fue difícil. Su madre, la reina, ya tenía veintisiete años y su enorme actividad la había privado del descanso y de los cuidados adecuados que tan ilustre parturienta hubiera merecido. Lo cierto fue que Juan vino al mundo en un gran salón de los reales alcázares de Sevilla de manos de la partera más famosa de la ciudad: “la herradera” . Su apodo se debía a que su marido era un herrero propietario de una fragua en la calle feria. Desde allí hasta los palacios fue arrastrada “la herradera” para asistir durante el parto.

Juan tenía la mente ansiosa y deseaba conocer la tierra de la que algún día sería rey, así que bajo la tutela del obispo Diego de Deza se dispuso con su séquito itinerante a recorrer la geografía de un país en ciernes. Esto lo llevó camino al norte y a ser nombrado Gobernador de Salamanca a pesar de su juventud. Un buen día, habiendo pasado dos noches en León por motivos imperiales salieron de caza en expedición de varios días que los llevarían a recorrer los antíguos campos astures de Langreo, Mieres, etc. Y fue así que en el lance de una cabalgada se acercaron al alto en el que la viuda Lena habitaba y pidieron agua para saciar su sed. Teresina, que ya contaba con dieciseis privamaveras por dieciocho de Juan, acudió en ayuda de su madre a llevar agua a los caballeros. Fue entonces cuando Juan y Teresa se vieron, se miraron y el mundo entero les dió un vuelco. Nunca antes habían experimentado un sentimiento semejante y ambos jóvenes se entregaron uno a otro siempre de forma clandestina y fervorosa. El esplendor en la hierba y la magia desconocida de un amor irrefrenable hizo que a los cuatro meses Teresina tuviese su primera falta. La indignación, la maldición y la ira de su madre llegó hasta más allá de la la llanura del sur:

– Yo sabía, yo sabía que esto pasaría. ¿Qué te has creído tú niña? ¿Tú sabes lo que estás haciendo? ¿Acaso sabes de quién eres fulana?

– ¡Pero madre yo lo amo!

– ¡Tú no sabes lo que es amar! Maldita seas. Por una mala noche dejaste de ser casada. ¡En fuego te quemes, niña!

Juan no abandonó a Teresina, como él la llamaba. Estuvo junto a ella y cada vez más a ojos de todo el mundo su amor fue conocido y se escribieron los más bellos romances cantados por los juglares en las plazas de los pueblos norteños. Durante aquellos meses su amor fue el símbolo de una edad, de una época en la que los sentimientos humanos eran la medida de todas las cosas bellas y feas del mundo.

Sin embargo al igual que Dios expulsara a sus hijos del Paraíso tambien decidió desde el valle de Josafat que durante el séptimo mes de embarazo de Teresa el príncipe Juan cayera enfermo. Teresina en su inocencia no lo podía creer. Era la persona más feliz del mundo y de repente Dios los maldecía. El obispo don Diego, siempre fiel y leal al príncipe Juan lo trasladó a Salamanca y mandó llamar a los mejores médicos de España pero ya no quedaban judíos, que eran los más aptos en este arte. Todos ellos examinaron a Juan y crearon el desconcierto por la disparidad de sus diagnósticos: “Unos dicen que se muere, otros dicen que no es nada” explicaba el obispo a Teresa. El último de ellos tras examinarlo lentamente se fue a un rincón y estuvo un breve instante en silencio hasta que don Diego lo interpeló:

¿Qué mira buen doctor, que tanto mira y calla?

Le digo don Diego… que disponga de su alma. Tres horas tiene de vida y hora y media ya viene andada. Hora y media le queda para disponer de su alma.

Ante un diagnóstico tan fatal don Diego mandó llamar a los reyes para que pudieran acompañar a su hijo de apenas diecinueve años en tan desgraciados momentos. Juan apretó la mano de su padre e hizo ademán de querer decirle algo al oído.

– Padre…Teresa está embarazada. Ni siquiera capaz fuí de darle gran cosa; nuestro amor de tan verdad no pudo ser Real y solo de oro un anillo le pude dar. Pero de lo que de verdad le dí por favor padre…no le quitéis nada.

– Hijo mío. Si tú le diste un de oro, yo le daré un de plata.  Si trae al mundo a un varón será Príncipe de España pero si trae a una niña será monja en Santa Clara. .

Aquella mañana Teresina acudió a Santo Domingo de Ledesma, muy cerca de Salamanca, a oir misa en la iglesia de Santa Clara y rezar por la salud de su amado y padre de la criatura que vivía en su vientre. Volvía reluciente, animada y confiada en que todo se arreglaría y Juan saldría pronto de la cama. Poco le importaba a ella el Infantado, el reino y su posible noble vida junto al Príncipe. Cuando llegó a los aposentos del Príncipe en los que gracias al obispo don Diego podía entrar, Juan la tomó de la mano y le comunicó sin rodeos el triste final que le deparaba. De repente Teresa sintió que las fuerzas la abandonaban y cayó al suelo. No podía ver ni oir. Solo la culpa divina en nombre de Dios Padre y la voz de Lena sonaban mareante en su cabeza: “En fuego te quemes niña, en fuego seas quemada”.

Cayó inconsciente Teresina embarazada y en cama hubo que atenderla. Tomada por la fiebre y  la pena quiso la providencia que no volviera a levantarse ni siquiera para dar el último adiós a Juan. El Príncipe moría a la medianoche y Teresina lo hacía a la mañana.

Un niño muerto le sacaron a Teresa y por orden del siempre leal Diego de Deza lo pusieron entre su padre y su madre. Yacieron los tres juntos en un ataud de plata.

Y aquí se acaba la historia de Teresina enamorada.

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La temática de La Muerte Ocultada y de Los Amantes del Alma es una de las más recurrentes en los romanceros medievales de Europa. De este concretamente existen múltiples variantes y versiones adaptadas por todas las regiones y los pueblos de España desde vasconas a de sefardíes emigrados a Marruecos.

El Príncipe Juan (1478-1497), hijo de los Reyes Católicos Fernando e Isabel, estaba llamado a gobernar el naciente reino de España, las Américas y el Imperio.

Tres siglos despues de su muerte la tumba del Príncipe Juan fue profanada por los franceses durante la Guerra de la Independencia y sus restos se perdieron.

Sepulcro del Príncipe Juan. Monasterio de Santo Tomás.Ávila.

Una libre adaptación del Romance. Lucas XV: “Teresina”

Una pizca de Esperanza

Realmente está todo perdido. Toda la tripulación lucha contra el fuerte viento atrapada en una tempestad descomunal. Ha perdido la confianza en sí misma; se siente cansada, fatigada, exhausta. Han pasado ya tantos días, tantas semanas, tantos meses de solitarias maniobras colectivas en lucha contra los elementos que estos hombres empiezan ya a claudicar ante el más consciente abandono. Navegan hacia el fin de la nada. Nadie sabe cómo acabará si es que acaba este descenso por lo ignoto. Hace ya mucho tiempo que vienen contemplando la tierra de la única forma posible: miran a estribor y la tierra se alarga y se alarga hacia el sur. Navegan en paralelo a la costa con rumbo fijo hacia ningún lugar. No hay otra forma, no hay otra medida que no sea esa. Al menos no la pierden de vista. Es un sinsentido controlado, una temeridad hasta cierto punto coherente dominada por una calma tensa que ya empieza a descarriar con la llegada de los primeros vientos. Nunca nadie ha estado donde ellos están ahora cuando el fuerte viento del norte, la violenta tempestad y las aterradoras tormentas llevan a la embarcación mar adentro y pierde la referencia terrestre. Comienza la lucha, la pelea por la supervivencia, el sálvese quien pueda ante el gran y feroz leviatán marino, ante el crugir del cielo y el latigazo de las lluvias. Pasan más de una semana en mitad del océano sin el menor indicio terrenal. Días después el viento sopla en sentido inverso, del sur, y la tierra que antes veían desde estribor alargarse de norte a sur la ven ahora desde proa extenderse de oeste a este. El tiempo mejora y dirige los barcos hacia aquella última punta de tierra avistada justo antes de que se desencadenara la furia de los elementos. Ahora todo es alegría. La dos agujas de la brújula señalan el norte. Ahora solo hay esperanza.

A finales de julio de 1487 Bartolomé Díaz comandaba una pequeña flota con la misión de explorar la costa oeste del continente africano con el fin de averiguar donde acababa y si existía algún paso posible para llegar a la India. Hasta entonces el punto más meriodional conocido era Cabo Verde. A partir de ahí todo era océano tenebroso. Tras siete meses de navegación, con una tripulación repleta de fiebres y escorbuto lograban vencer su última batalla ante los elementos y vislumbraban el fin de Africa y el paso hacia la India. Dos Cabos recordarían para siempre esta hazaña: El cabo de las Agujas, que ve unirse al océano Atlántico con el Índico y que debe su nombre a que en ese punto las fuerzas magnéticas son nulas y las dos agujas de la brújula señalan el norte  y el Cabo de las Tormentas, cuyo nombre hace honor al sufrimiento de la tripulación.

Bartolomé Díaz había explorado más de 2000 kilómetros de costas desconocidas. Jamás sería recompensada su hazaña.

Más tarde Juan II de Portugal cambiaría el nombre de Cabo de las Tormentas por el de Cabo de Buena Esperanza.

Cabo de Buena Esperanza

Bartolomé Díaz

Ruta del Viaje

Kadesh, hace más de tres mil años.

“Desde la eternidad el Dios no permite, por causa de un tratado eterno, que la enemistad entre ellos exista”  -Tratado de Kadesh.-

Muy cerca de la bíblica Canaán, en la actual Siria; irónicamente por esas tierras en las que hoy los días se baten entre ellos para ver cuál logra albergar más inhumanidad y mayor barbarie se firmó hace más de tres mil años el primer tratado de paz del que tenemos constancia documental. Tuvo lugar en Kadesh y los protagonistas fueron el rey hitita Hattusil III y el más famoso e importante faraón de toda la historia dinástica egipcia: Ramsés II.

Cuando corría el año 1265 antes de Cristo, Ramsés se interesaba por el desastre que había ocurrido hacía ya tiempo en una isla más allá del mar que, repleta de palacios y de gente refinada, había sucumbido a la ira de los dioses manifestada mediante desastres naturales, terremotos, lluvias torrenciales, etc. Siempre tuvo miedo de que algo así pudiera sucederle al Gran Egipto. Esta isla era Creta, que veía aflorar y sucumbir a la civilización minoica hacía ya algunos siglos y sobre la que Platón sentaría las bases del mito de la Atlántida mucho tiempo después.

La gran mayoría de los historiadores hace coincidir con su reinado el éxodo hebreo, aunque tal vez solo alcanzara la etapa final de su vida y fuera su hijo Merentah el que persiguiera a la población judía casi con toda seguridad prisionera y no esclava como popularmente se cree.

El gran rey con el que el Egipto faraónico vivió su época más esplendorosa en la política, en la guerra, en la cultura y al que todos tenemos en mente con los rasgos del malo malísimo Yul  Brynner…

…inmortalizó la Paz escrita y todavía sigue siendo un ejemplo para todos los intentos que han venido y vendrán detrás. Desgraciadamente sigue siendo necesario.

A raiz del Tratado de Kadesh el comercio entre ambas potencias  tuvo un gran desarrollo y esto permitió la venta de hierro procedente de Anatolia a Egipto, que abandonaba así la Edad del Bronce y entraba en la del Hierro paulativamente. No siempre fue necesaria la guerra para que una sociedad evolucionara. La Paz también fue y es un camino.

El gran faraón volvió a la actualidad cuando en 1881 los hermanosl Abd el Rasul descubrían, tras una larga lista de saqueos, hurtos y comercio de reliquias,  la momia de un hombre anciano que resultaba ser nada más y nada menos que el gran Ramsés II.

En 1980 su momia fue traslada a Paris para ser sometida a un estudio de restauración debido a su deterioro en El Cairo. Tres mil trescientos años después Ramsés II hizo su último viaje con pasaporte egipcio y fue recibido en Francia con honores de jefe Estado.

Sobre la Revolución 14.07.1789

Toda la ingenuidad que recogía el ideario de los pensadores ilustrados terminó guillotinada durante aquellos días aciagos y combulsos de París.

La Revolución  duró poco más de diez años. Desde que la gente de a pie tocaba fondo por no poder comer y tomaba la fortaleza prisión de La Bastilla el 14 de julio de 1789 hasta que Napoleón Bonaparte daba un golpe en la mesa asaltando el Directorio y tomando el control de los Consejos Legislativos el 9 de noviembre de 1799. Diez años en los que  se habían ido esfumando ideales, consignas, romanticismos adelantados a su tiempo y libertades guiando pueblos.

La oda al ser humano, a la libertad, a la fraternidad, al progreso, al optimismo y a todo ese caldo de cultivo gestado a lo largo de muchos años por Voltaire, Rousseau, Smith y muchos otros llevaban consigo el germen de la Revolución aunque sus creadores no lo supieran. Tan solo había que esperar a que la coyuntura fuera la adecuada. Durante los años años ochenta del siglo XVIII en Francia la gente pasaba hambre, los niños morían malnutridos, los impuestos solo existian para unos muchos mientras que unos pocos se daban a la buena vida viendo como el ejército hacía la guerra transatlántica y toda una serie de líderes carismáticos de clase burguesa aspiraban a estar tan considerados como los nobles de nacimiento.

Los políticos habían entrado esa mañana en el Parlamento como si de un día más se tratara. Siguiendo la costumbre aquellos que defendían unas ideas que abogaban por conservar el orden establecido y mayoritariamente católicos se habían sentado a la derecha del rey y los que eran partidarios de cambios sociales en materia de igualdad y derechos individuales se habían sentado a la izquierda. Los indefinidos o que sentían tener sentimientos encontrados se sentaban en frente porque no tenían otro sitio ni lugar que dejara de manifiesto su oposición a algo.

No; esto es un error. En realidad ya no había rey ni reina porque ya habían sido decapitados junto a cerca de cuarenta mil personas más. Ahora, seis años después de la Primera República Francesa las calles estaban ensangrentadas, el odio corría por la mirada de todos los ciudadanos y la Guerra de la Vendée que enfrentaba a revolucionarios con “más revolucionarios” estaba acabando con las buenas intenciones.

Desde tiempos inmemoriales la frustración ha sido siempre el camino más corto hacia el rencor y  la supresión de libertades por su parte el medio más rápido de intentar ordenar sociedades. 

Aunque algunos tachen de “naufragio” a la Revolución Francesa, fue solo el primer paso de lo que más tarde serían las revoluciones burguesas del siglo XIX y que a la postre conformarían muchos de los pilares que sustentan nuestra sociedad actual. Entonces no había deuda externa, tasa de paro, futuro para los jóvenes,  déficit público ni copago sanitario. Por aquel tiempo solo había comer o no comer, existir o morir, gente a la que amar y gente a la que odiar. Por aquellos años no había manifestaciones pacíficas, había revueltas violentas.

Ojalá hubiera sido de otra manera, pero lo cierto es que las hermanas  Libertad, Igualdad y Fraternidad se vieron obligadas a nacer de un navajazo sucio en las tripas del Antiguo Régimen y de una guillotina ensangrentada de cabezas nobles y no tan nobles. Nadie dialogó con ellas para que su madre diera a luz en paz.

El loco Schliemann

Ni sabían ni preguntaban la procedencia de aquel extraño y elegante prusiano que se lucraba con el comercio de armamento y acero a los rusos. No tenía ningún escrúpulo en beneficiarse del inmenso bloqueo al que estaba sometido Rusia durante aquellos días a causa de la guerra de Crimea (1853-1856). Eran tiempos difíciles para todos, incluso para este entrañable sinvergüenza soñador.

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Helenístico Polibio

“Helenismo significa fusión”. No parecía una frase demasiado reveladora ni impactante por su aparente sencillez, pero la grandeza de la misma radicaba en que partiendo de ella era mucho más fácil comprender y conocer los acontecimientos que se sucederían y que a la postre conformarían el origen de muchas de las cosas que nos rodean y de nuestras maneras de interpretarlas. Sí, esas cosas que solo los idiotas creen que son así “porque sí” o porque “siempre han sido así” o simplemente y ya alcanzando el cum laude de la idiotez  “¿es que acaso podría ser de otra forma?”.

La idiotez es en buena medida incurable, creo cada vez con más convicción que sus efectos resultan difíciles de amortiguar y no guarda relación con el expediente académico del sujeto en cuestión: Se puede ser doctor en Harvard y ser un idiota. Sí, hay muchas personas complacidas de ser privadas de sí mismas.

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El filósofo, el guerrero y la Rosa de la Paz

Una bandeja de plata con dátiles y pistachos acompañaba a una jarra de agua de rosas con nieve extraída del pozo para amedrentar las terribles temperaturas de aquella tarde. El sabio había sido llamado por el guerrero:

¿Cómo se llama el libro que has escrito, yahud?

Guía de Perplejos, sayidi.

Debe ser una obra noble, como noble es tu servicio. ¿Recuerdas cuando casi te obligan a apostatar? Nunca ví una convicción igual en una persona equivocada.

Gracias, sayidi. Solo pretendo aportar mi granito de arena a la vida de mi comunidad, tan dispersa en la tierra como en el pensamiento.

En la tierra la única forma de unir es la fuerza de la espada y los mandatos de Allah. Yo reconquisté esta ciudad desde la que El Profeta subió a los cielos dejando partir a sus habitantes de forma libre y mira como me han respondido los perros cristianos; mandando nuevos soldados a matar por estas tierras que no son suyas.

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Duelo a garrotazos

“Todos somos hijos del español.”  Van Gogh.

De él derivan todas las tendencias pictóricas europeas del siglo XIX y su obra puede estudiarse desde el punto de vista artístico, histórico, filosófico, social y hasta periodístico.

¿Hay algo en España y en Europa que no pueda ser visto a través de Goya?

Sobre un paisaje yermo y baldío, con las piernas supuestamente hundidas en fango dos campesinos se baten a muerte “a porrazos”. Seguramente por nada importante o tal vez pagando con su vida lo que liberales y monárquicos, progresistas y moderados, fascistas y republicanos, populares y socialistas fueron y siguen siendo incapaces de conseguir: el entendimiento por un fin común. Duelo a garrotazos: Una claudicación manifiesta ante la incapacidad humana.

“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral.”  Ortega y Gasset.


Cántabros en Sevilla

“…durante tres días Sevilla fue una ciudad fantasma.”

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Un día en el mercado

Sobre las 10:30 de la mañana salieron de casa  Maria del Olvido y su hija Carmen hacia el mercado.

– ¡Venga Carmencita, que vamos tarde! – decía la madre a la hija.

Carmen, que aún no había cumplido los siete años no podía llevar el ritmo de la gente que se agolpaba ya a las puertas del mercado. No era un miércoles cualquiera. Eran tiempos difíciles y ese día todo el mundo sabía que llegaba una nueva remesa de pescado y no se podía perder la oportunidad de hacerse con buena materia prima y por qué no, con alguna que otra ganga.

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Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros nos pedían cantos y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías.           

Salmo 137. Libro de Salmos.

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Atila y León I

Cuando Atila, “el azote de Dios”, invadió la península itálica en el año 452 ya poseía el mayor reino del continente y amenazaba con seguir aumentándolo. Había sido derrotado un año antes en los Campos Catalaúnicos  pero pudo escapar, replegarse y recuperar fuerzas. Durante esos días Roma era ya una ciudad en franca decadencia; ni siquiera albergaba a la familia del emperador que había sido trasladada a Rávena por motivos de seguridad. Hacía ya casi quinientos años del asesinato de Julio César. Y aún así Roma seguía siendo el anhelo de todos.

Bajo el pretexto de reclamar la mano de Honoria, hija del emperador Valentiniano, los ejércitos de Atila arrasaron todo cuanto se ponía a su paso y se detuvieron a orillas del río Po, al norte de Italia.

Roma había sido saqueada cuarenta años antes por Alarico y los visigodos, concretamente un 24 de agosto del año 410. Según los expertos esa es la fecha clave en la que los ciudadanos romanos fueron conscientes de que su mundo se derrumbaba, se terminaba, de que algo estaba cambiando para siempre. Fue la primera vez en ochocientos años que Roma era tomada por un enemigo. Tál vez fuera por este precedente por lo que una embajada compuesta entre otras autoridades por el Papa León I  fue al encuentro de Atila a orillas del Po.  El Papa León I El Magno se reunió con Atila en la ciudad de Mantua pidiéndole que no saqueara la ciudad sagrada de Roma. Jamás se ha sabido cómo hablaron, qué términos utilizaron durante su negociación o qué fuerzas empujaron a Atila a tomar su decisión, pero lo cierto fue que tras su conversación con el Papa inició su retirada pacíficamente a su palacio más allá del Danubio.

¿Hipótesis? Todas y ninguna confirmada. Cerrando las puertas de la Antigüedad y abriendo las del Medievo la retirada del huno causó una gran conmoción porque aunque el Imperio Romano de Occidente sobreviviría políticamente hasta el año 476, el gran poder de Europa era a partir de entonces la Iglesia  en lugar del Imperio.

El padre y el hijo

Un anciano de unos cincuenta y cinco años camina por el claustro acompañado de su hijo. El chaval no debe tener más de doce. Acaban de conocerse.
El joven mira a su padre con el asombro del que ve a un gigante blandir un arma mientras el anciano acaricia con la palma de su mano el perfil izquierdo del niño.
Es sobre todo el padre quien habla. Le cuenta planes, le cuenta historias, le dice cómo se debe actuar y apenas lo conoce.
Le cuenta que haría bien en dedicarse a la vida eclesiástica pero el niño, pese a su juventud,  hace ya tiempo que presta mucha más atención a las historias de la guerra, a la defensa heroica de un sueño y a la épica gestación de los imperios legendarios.
Una de sus historias preferidas es aquella que protagonizaron los griegos, “fundadores de Europa”, cerca de las costas de Salamina y en los alrededores de Platea  frente a los persas.
Su padre le pregunta sabiamente:
– ¿Cómo se llaman esas guerras, hijo?
– Las Guerras Médicas, padre.
– Mmm… yo hablé una vez con un amigo nacido en Susa y se refiere a esas guerras como las Guerras Griegas.
El niño, contrariado pese al estudio de los acontecimientos y a su madurez intelectual no sabía a dónde quería llegar su padre.
– ¿Qué es lo importante de esas guerras?
– Que ganaron los griegos…la defensa de la democracia frente a la tiranía.

El padre sonríe. Envidia la luz y la inocencia que emana su hijo. Se limita a decir: “Sigue estudiando hijo mío, estudia mucho y serás un gran hombre”.
En Yuste, Cáceres, ha comenzado a anochecer.

El anciano de cincuenta y cinco años es el otrora Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Castilla, Aragón y Navarra. También han llamado César a Carlos V de Alemania y I de España.
Su hijo es  Juan de Austria,  llamado a comandar la Liga Santa formada por España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios, que obtendrá una victoria de la misma importancia que la de sus admirados griegos casi en el mismo lugar, casi con las mismas personas, casi dos mil años después que ellos en la batalla del golfo de Lepanto el 7 de octubre de 1571.

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